EDAD MODERNA

La mala vida (2): El estatuto civil (1614)

La segunda parte del documento de 1614, conservado en Harvard, que contiene los “Estatutos y Hordinationes de la villa de Fórnoles”, regulaba el comportamiento entre los vecinos del pueblo en su vida cotidiana. Es una especie de ordenanza municipal que aporta detalles de cómo se vivía a principios del siglo XVII en el medio rural del bajo-aragonés.

VIDA COTIDIANA

El sistema de vida en el Bajo Aragón rural, regulado por el estatuto civil de 1614, se ha prolongado, con muy pocas variantes, hasta finales de la década de los años 50-60 del siglo pasado.

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Bastell (cerreja y llave de madera)

Por lo vivido en mi infancia, todavía estoy en condiciones de entender e interpretar: porqué se castigaba la “quema de formigueros sin cubrir”en finca ajena; porqué muchos huertos y vergeles de mi pueblo están vallados y cerrados por una puerta con “bastell”; porqué se prohibía entrar con el ganado en rastrojos “con la tierra blanda”; porqué se penalizaba la entrada de gorrinos en las eras y rastrojos, mientras y estuvieren las garbas en el sellar; porqué, el corte de una coscoja ajena, agravaba la multa si alguna de las ramas cortadas “ fuera adecuada para bastell…y si fuera apta para corba, destral, esteva, rayo, mango, llumera, cabirón, viga, llindar u otra pieza cualquiera de madera”.

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La trilla (Goya)

En aquella economía primaria, de subsistencia, se abonaba calcinando la tierra con “formigueros” y el quemar los montones de maleza, antes de cubrirlos con tierra, era un acto de sabotaje que inutilizaba todo el ímprobo trabajo realizado por el dueño.

Entrar con el ganado en un labradío, reblandecido por la lluvia, provocaba el apelmazamiento de la tierra y dificultaba su posterior arada con caballerías. Agravado por la consiguiente formación de terrones que dificultaban los futuros cultivos.

Los huertos se vallaban con paredes de piedra seca y se cerraban , con puerta, para impedir la entrada de ganado suelto y se aumentaba la multa a los eventuales ladrones de huerto o vergel cerrado.

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Cerdo suelto paciendo

Era costumbre llevarse el cerdo al campo. El animal, por el camino, correteaba como un perrillo alrededor de las caballerías y, en el monte, comía bellotas y hurgaba en las raíces, mientras el dueño hacía sus trabajos agrícolas. Pero había que impedir que ocasionase daños en cultivos y cosechas ajenos.

La madera de árboles, como el latonero (almez), la cervera (azarollo) y arbustos como la coscoja se utilizaba para fabricar mangos de herramientas, horcas para la trilla, piezas de los aperos de labranza (yugos, colleras, polliganas, estevas), vigas y dinteles para la construcción y hasta cerrajas (bastells) de madera para las puertas. Estas piezas, en muchos casos, se prefabricaban dándoles forma, con ataduras en las ramas verdes del propio árbol. El corte y robo de esas ramas suponía un grave quebranto al propietario que las había estado formado.

AMNISTÍA

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Coscoja

 La asamblea popular, que aprobó el estatuto, se permitió el lujo de conceder una amnistía por todos los delitos y faltas cometidos con anterioridad a su fecha de promulgación. Con la condición de que los amnistiados no reincidiesen en los mismos delitos perdonados.

Los efectos de la amnistía debieron ser muy limitados, porque la justicia del antiguo régimen era muy resolutiva. Los delitos penados con la horca o con mutilaciones corporales eran ejecutados “ipso facto”. Las mayores penas de cárcel, previstas en estas “Ordinationes”, eran de diez días. Y el ganado que entraba en los huertos podía ser “carneado” también en el momento de la invasión. Solamente pudo perdonarse alguna multa impagada o alguna pena pendiente de exposición en el “pelleric”.

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Pelleric (picota) de Cretas

GLOSARIO

Tenía ganas de dar a conocer este tipo de documentos que, sin duda, fueron importantes durante muchos siglos, para regular las relaciones entre vecinos bajo-aragoneses. Es posible que la aridez de los temas jurídicos, y mi propia incapacidad para exponerlos de forma amena, decepcione a muchos de mis lectores pero sentía la necesidad de contarlo. Los sistemas de vida han cambiado tanto, en tan pocos años, que muchos términos ya resultan incomprensibles, vistos desde nuestro sistema de vida actual. Los robos en finca ajena siguen siendo muy frecuentes en el medio rural y un tema de rabiosa actualidad y conviene conocer como lo resolvían nuestros antepasados.

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Parte del documento original con la firma del notario

Quizá me decida a escribir un tercer  artículo, en forma de glosario, dedicado a explicar conceptos del documento que quizá sea conveniente aclarar, para una mejor comprensión de nuestras costumbres ancestrales.

Para los más curiosos, copio a continuación el texto íntegro del estatuto civil, transcrito a lenguaje actual:

ESTATUTOS CIVILES

  • Pena de los huertos

También establecemos y ordenamos que, cualquier persona de la villa que entrare violentamente en huerto o finca cerrada, bancal o vergel cerrado, será sancionado con veinte sueldos. Si la finca fuera abierta y cogiere alguna fruta u hortaliza, multa de diez sueldos. Y si la cogiere con cuévano, espuerta, talega, algustio, cesta o capazo, capilla u otra cosa semejante, tendrá una pena de treinta sueldos. Se doblará la multa si lo hiciere de noche. Todo ello por cada vez que fueren hallados en huerto o finca ajena.

  • El que cortara árboles frutales, pena de sesenta sueldos.

Establecemos y ordenamos que, cualquier persona, vecino o habitador de la dicha villa que cortara o arrancara oliveras grandes o pequeñas en una plantación. O cortara o arrancara árboles frutales, o presegueras, viñas o parrales en finca ajena, tendrá pena de sesenta sueldos, por cada vez que lo haga.

  • Contra quien hurtase aperos de labranza o quemase formigueros.

También establecemos y ordenamos que, cualquier persona que robara reja, aladro, fieltro o cualquier otro apero o ferramiento de labrador en alguna finca ajena, o quemara formigueros sin cubrir, tendrá la pena de enclavarle la mano en el pelleric o pagará a sus dueños las costas, sesenta sueldos y el daño producido.

  • Pena de los ganados.

También establecemos y ordenamos que, cualquier persona que hiciera mal o dañase una finca ajena con sus ganados, entrando en planteros de viñas o olivares, o en rastrojos con la tierra blanda, o en eras y cultivos señalados, contra la voluntad de sus dueños, tendrá multa de cuatro dineros por cabeza, hasta cincuenta reses. De cincuenta en adelante, tendrán pena de treinta y tres sueldos y cuatro dineros, como si pasase todo el rebaño, aunque no pase más de una res. Si fuesen recentales, o corderos sin diezmar, la mitad de la pena si están en finca ajena por segunda vez.

  • Pena del que pasa por finca ajena.

También establecemos y ordenamos que, cualquier persona que pase por viñas, sembrados y fincas, cuando haya frutas, aunque no las coja, sólo de pasar por dentro del cultivo, tendrá multa de tres sueldos si es de día y doble si es de noche. Salvo que, por necesidad, haya de pasar por la finca.

  • Pena de los gorrinos.

También establecemos y ordenamos que no entren los gorrinos en las eras y rastrojos, mientras y estuvieren las garbas o el sellar, si entran los gorrinos, multa de dos sueldos por cabeza, los grandes. Si fueren lechales o pequeños, tendrán seis dineros de multa por cabeza. Y si fueren hallados en viñas u oliveras, cuando hay fruto, si las uvas u olivas estuvieran maduras y fueren hallados comiendo de ellas, tendrán multa de tres sueldos cada uno.

  • Pena de los que cortaran o abatollaran carrascas.

También establecemos y ordenamos que, cualquier persona que, en heredad ajena, cortare pino o carrasca, tendrá multa de diez sueldos y si la cortase parcialmente cinco sueldos por cada cimal. Y si la zueca, o corte, tuviese más de un palmo de grosor tendrá pena de treinta sueldos.

Y si abatollaran las bellotas con caña o palo tendrán multa de treinta sueldos y habrán de restituir las bellotas al dueño de la carrasca.

Y por cada coscoja que cortaren, que fuera adecuada para bastell, tendrán pena de cinco sueldos y si fuera apta para corba, destral, esteva, rayo, mango, llumera, cabirón, viga, llindar u otra pieza cualquiera de madera, tendrán multa de treinta sueldos.

  • Pena de las cabalgaduras.

También establecemos y ordenamos que, cualquier acémila o caballería mular que hiciere daño en trigales, viñas, oliveras, o paciere en cualquier finca ajena haciendo algún daño, tendrá multa de cinco sueldos el par. Y la mula, asna o burra, tres sueldos por cabeza si lo hace entre planteros de viña, oliveras, sembrados o rastrojos en todo el año. Y en los huertos, si son de regadío, diez sueldos. Esto es de día, si lo hiciesen por la noche tendrán la multa doble.

Si las hallaran los guardas, tanto en las fincas como en los huertos, tendrán una comisión de cuatro dineros por cabeza. Los guardas no podrán cobrar ni ejecutar sin avisar antes al dueño de la finca o huerto, donde tales personas o animales hayan hecho el daño.

Y queremos que ninguna persona pueda tener más de dos sanciones en un día, según establece el fuero de Aragón. Y que los infractores, una vez denunciado legítimamente el daño por Jurados y testigos, podrán ser multados por el Justicia de manera ejecutiva, sumariamente y de plano, sin juicio ni proceso. Simplemente después de haberse recibido información veraz. Salvo norma o impedimento jurídico o foral que disponga lo contrario.

  • Pena del que segara yerbas.

También establecemos y ordenamos que, cualquier persona que cogiera y segara yerbas en finca ajena, entre trigales, azafrán, cultivos, ribazos, ferrajas o en cualquier otra parte de una finca, tendrá una multa de cinco sueldos cada vez que así fueren hallados.

  • División de las multas.

También establecemos y ordenamos, que todas las penas pecuniarias se han de ejecutar y repartir de la manera que tenemos por costumbre antigua. A saber, de cualquier pena o multa, la novena parte será para el Justicia, y la tercera parte para la Señoría (los calatravos). Las otras dos partes para el dueño perjudicado o el interesado que las reclamare.

  • Que los ceduleros puedan ejecutar.

También establecemos y ordenamos que todos los beneficios de panes prestados y vendidos por los señores Jurados y cualquier otro responsable, recaudador, cobradores y receptores de pechas, sisas reales y panes prestados o vendidos, que los ceduleros, o los que tuvieren a su cargo cobrarlos, nombrados por los señores Jurados y el Concejo; todos ellos, estarán obligados a aceptar y recibir su cargo, y podrán cobrar y ejecutar sumariamente y de plano los impuestos de la villa. Salvo que exista norma contraria o algún impedimento.

El cedulero colector o cobrador, que fuere nombrado para ese cargo, no puede rehusarlo, bajo pena de tener que pagar, de su propia hacienda, lo que recaudaría por oficio. Salvo que tenga un impedimento justificado.

  • Que sea obligatorio aceptar los cargos oficiales.

También establecemos y ordenamos que, cualquier vecino de la citada villa, que fuere elegido y nombrado por los señores Jurados o Concejo, para ser Jurado, almutazafe, ligallero, guarda, sacristán, u otro oficio y cargo tiene que aceptarlo bajo pena de veinticinco libras, equivalentes a quinientos sueldos jaqueses. Esta multa corresponde a quien se negase a ser Jurado, almutazafe, ligallero, sacristán o guarda.

Los demás oficios, colectores, cobradores y ceduleros incurrirán en multa de sesenta sueldos, cada vez que rehusasen el cargo. Estas multas podrán ejecutarse siempre que no haya norma u otro impedimento o excusa justificada que le impida aceptar el cargo.

  • Del tiempo que han de durar los presentes (Estatutos).

También establecemos y ordenamos que, los presentes Estatutos habrán de durar, y ser firmes y valederos, durante todo el tiempo que los señores Justicia, Jurados y todo el Concejo tengan por conveniente. Podrán usar de ellos y añadir o quitar lo que consideren conveniente y necesario para el bien de la república.

  • Para la interpretación de las dudas.

También establecemos y ordenamos que, si en los presentes Estatutos, tanto en los civiles como en los criminales, hubiere alguna duda sobre palabras ambiguas o dudosas, que el señor Justicia y los dos Jurados actuales, y a los que lo sean en el futuro, en la villa de Fórnoles, serán los jueces competentes para interpretarlas. Sólo ellos tres conjuntamente y ninguna otra persona.

Exceptuando aquellas dudas que el señor Justicia solo, o con su asesor, pueda por sí mismo ordenar y ejecutar, para lo que convenga y sea justo en cualquier sentencia, por su calidad de juez ordinario de la citada villa.

  • De los delitos que, hasta el presente día de hoy, han de quedar absueltos al 21 de marzo de 1614.

También establecemos y ordenamos que, los presentes estatutos y ordenaciones se aplicarán a todos los crímenes, excesos, delitos y causas, tanto civiles como criminales, cometidos a partir del presente día de hoy, que contamos a veintiún días del mes de marzo del año mil seiscientos catorce.

Por ello, queremos, establecemos y ordenamos que, todos los delitos, crímenes, y excesos, hechos y cometidos hasta el presente día de hoy, por cualquier vecino y habitante de esta villa, quedan absueltos y perdonados absolutamente. Y sobre ninguno de ellos se podrá hacer reclamación, demanda, petición, instancia ni ejecución alguna. Ni en juicio ni fuera de juicio, como si no se hubiesen hecho ni cometido.

(Hay una anotación al margen que dice:) Ojo

Pero hacemos constar que, para el caso de quienes hayan cometido algún crimen o delito y no quieran enmendarse, sean pertinaces y continúen cometiendo los mismos delitos u otros peores. Los tales delincuentes podrán ser, y serán, castigados tanto por los pasados como por los presentes, si así se considerase por derecho y fuese de justicia.

  • De los degüellos en los huertos y en la dehesa.

También establecemos y ordenamos, porque consideramos que es de utilidad y provecho para la república, y para que cada uno pueda gozar y aprovecharse de las hortalizas, verduras y regalos que, los vecinos de dicha villa tienen ahora y tendrán en cada uno de sus huertos. Que, desde el presente día de hoy, tendrá que haber y habrá degüellos en los huertos de regadío de todo el término de la villa, en todos los ganados, sean de lanar o de cabrío.

De tal manera que, los guardas podrán carnear y tomar una res de cualquier ganado que hallaren en cualquier huerto y degollarla una vez descubierta. Siempre que no sea ganado perdido o esbarrado, o del propio dueño del huerto aunque, para ello, habrá de pedir permiso a los Jurados o avisar al guarda de que va a apacentar en su huerto o finca y en la dehesa antigua.

Los guardas procederán a carnear y a degollar a la res que encuentren dentro de la dehesa, cuando haya más de cuatro animales y tengan pastor. Salvo que estén en su propia finca, según costumbre, y en días de nieve, lluvias, y en los de crestar o esquilar, y en el de diezmar.

Y así, una vez leídos y publicados, en todo su contenido, estos estatutos y ordenaciones, el señor Justicia, los señores Jurados, todo el Concejo y Universidad, personas notables y vecinos y habitantes de la villa de Fórnoles, más arriba nombrados.

Para conservar sus derechos, para conocimiento de quien tenga interés en ello y para que quede constancia en el futuro, me encargaron a mí Bernardo Bayot de Ripol, notario, que levantase acta pública, y emitiese tantas como copias como sean necesarias. La cual, yo, dicho notario, en el ejercicio de mi función recibí y actué en la fecha, mes, año, y lugar, que figuran al principio de este documento. Estando presentes como testigos, y para ello convocados y solicitados: el reverendo mosén Cristóbal Oliver, comisario de la Santa Inquisición y vicario perpetuo de esta villa, Bartolomé Sancho, portero y sobrejuntero de la Real Audiencia, habitante en la villa de Alcañiz y Bernat Foz, estudiante y vecino de esta villa de Fórnoles. (Siguen tres firmas).

LOACIÓN

Y después de lo escrito, el día octavo del mes de febrero, del año contado del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, de mil seiscientos quince. En el lugar de Torredearcas, barrio de la villa de Monroyo, el magnífico señor Jaime Blasco, vecino de Monroyo, que vive en Torredearcas, en su calidad de Alcayde y como lugarteniente de Alcayde de toda la encomienda, en los castillos de Monroyo, Peñarroya y Fórnoles y sus términos. Por el magnífico Juan Vidal habitante y Alcayde principal en la villa de Madrid. Por el ilustre señor Fray Diego Sarmiento de Acuña, caballero del hábito y Orden de Calatrava, comendador de la citada encomienda y en las tres villas citadas.

 

BIBLIOGRAFÍA

HARVARD LIBRARY (Cambridge- Massachusetts- USA) (Copia notarial de 1614 de los Estatutos y Hordenationes hechas y hordenadas por los Justicia, Jurados, Concejo y Vniuersidad de la villa de Fornoles. Ciuiles y criminales, delitos conforme a fuero, y delitos desaforados. Hecho y hordenados a 21 de Marzo de 1614. Loados por el tiniente de Alcayde de Monroyo y otros”).

 

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