CULTURA IBÉRICA Y ROMANA/TESOROS DEL BAJO ARAGON

Fortificaciones ibéricas del Bajo Aragón (2): del siglo III a.C. a la romanización

Unas décadas antes de la llegada de los romanos, en la segunda mitad del siglo III a.C.,  tendría lugar el apogeo de las fortificaciones ibéricas en el Bajo Aragón cuyas construcciones monumentales han sido relacionadas por algunos autores con los inicios de la Segunda Guerra Púnica que afectó de lleno a nuestro territorio. A pesar de la progresiva romanización del Bajo Aragón el estilo de las tradicionales fortificaciones ibéricas todavía se mantendría vigente hasta el cambio de era.

El auge de las fortificaciones ibéricas y el inicio de la Segunda Guerra Púnica

El gran momento de las fortificaciones ibéricas tiene lugar en el siglo III a.C.,  justo antes de la conquista romana, con impresionantes ejemplos de recintos amurallados, fosos y torreones en yacimientos como San Antonio de Calaceite, Els Castellans de Cretas – Calaceite, San Pedro de Oliete o La Tallada de Caspe. En los dos primeros casos se observan rasgos comunes: una planta curvilinea original, sin paralelos conocidos; un aparejo poligonal liso muy cuidado, de primerísima calidad; y un tamaño desproporcionado en relación con el hábitat, todo lo cual parece indicar que estas fortificaciones, además de un papel defensivo innegable, eran obras de prestigio asociadas a sedes de poder.

San Pedro

Torreón de planta circular de San Pedro de Oliete.

El poblado de San Antonio presenta una evolución urbana muy clara en dos fases: La primera, situada en la parte alta del cerro y fechada en los siglos V-IV a.C., corresponde, como ya se ha dicho en el articulo anterior, a un poblado de calle central protegido por una muralla y por dos torres cuadrangulares. La segunda, localizada en una terraza inferior, es una ampliación del siglo III a.C. y presenta una decena de casas de mucho mayor tamaño que las del barrio superior. En el poblado destaca la torre monumental de planta semicircular, ubicada junto a una pequeña puerta de acceso, que aparece combinada con un foso-cisterna y un posible antemural.

S. Antonio

Recreación teórica, a vista de pájaro, de San Antonio de Calaceite. Dibujo F. Riart.

Els Castellans de Cretas-Calaceite es un pequeño asentamiento, posiblemente de carácter aristocrático, fuertemente fortificado con apenas una decena de espacios habitables y dotado de unas medidas defensivas excepcionales en el que vivirían las élites sociales y que pudo ser utilizado como fortín militar y lugar de almacenamiento de excedentes agrícolas o productos comerciales. Su sector norte está delimitado por un gran bastión macizo y muy grueso de planta curvilínea, frente al que se construyeron dos antemurales alternados con dos fosos poco profundos. Parece existir otro foso en el sector sur donde se iniciaba una rampa de acceso al poblado. En el lado norte se tallaron en la roca unas escaleras que daban acceso a una pequeña poterna rupestre que se cubriría con una trampilla desde una habitación. Es probable que este pequeño yacimiento fortificado hiciera las funciones de fortín o bastión militar de un poblado mucho mayor existente en sus inmediaciones y todavía pendiente de estudio.

3. Els castellans Cretas

Torre curvilínea de Els Castellans de Cretas-Calaceite.

El yacimiento del Cabezo de San Pedro de Oliete aparece también diferenciado claramente en dos zonas. La primera de ellas corresponde a un imponente recinto fortificado que aprovecha las condiciones naturales del terreno para su protección al situarse al extremo de un cerro delimitado por un gran escarpe rocoso. El lado de acceso más viable está protegido por un gran foso, una doble línea de murallas (la primera de ellas de 4 m. de anchura), un camino de ronda y varios torreones de planta circular de los cuales uno conserva una altura de más de 13 m. Este impresionante conjunto fortificado parece desempeñar un papel predominantemente militar, de control de acceso y vías de comunicación en el valle del río Martín, para la protección de otros núcleos ibéricos próximos dedicados posiblemente a actividades agropecuarias. La segunda de las zonas se extiende fuera del área protegida por las murallas, en la parte superior del cerro, y presenta unas dimensiones mayores (en torno a 1,7 hectáreas).

2. San Pedro de Oliete

Cabezo de San Pedro de Oliete

En relación con las monumentales fortificaciones ibéricas de finales del siglo III a. C. cabe señalar que el Bajo Aragón, ubicado al sur del Ebro, se encontraba en territorio bajo dominio cartaginés cuya frontera o límite con Roma se había establecido en el año 226 a.C. precisamente en el cauce de dicho río. La ruptura del “Tratado del Ebro” supuso el comienzo de la Segunda Guerra Púnica (218-205 a.C.) y la llegada y conquista definitiva de nuestro territorio por parte de los romanos en apenas 20 años. Parece probable que la construcción de algunas de estas grandes fortificaciones bajoaragonesas, como las de Els Castellans de Cretas o la de San Pedro de Oliete, estén directamente relacionadas con este nuevo escenario bélico en el que el sistema constructivo de las defensas parece estar influido por las avanzadas técnicas de asedio y el empleo de maquinaria bélica (torres de asalto, catapultas…) utilizadas anteriormente en las guerras entre romanos y cartagineses en el Mediterráneo central.

1. Balsa y torreón San Antonio Calaceite

Recreación de la balsa y torreón San Antonio Calaceite. Dibujo F. Riart.

 

Fortificaciones íbero-romanas

Las fortificaciones no desaparecen con la conquista romana, al contrario, están muy presentes en los poblados que aparecen o que se reconstruyen entre el siglo II y principios del I a.C. El Bajo Aragón presenta una vez más numerosos ejemplos de asentamientos fortificados en esta fase. En los yacimientos de Palermo y La Tallada de Caspe se documentan dispositivos complejos defensivos con fosos, antemurales y bastiones; en El Palao de Alcañiz, se construye una muralla de sillares de gran entidad y  en Torre Cremada de Valdeltormo se edifica en la parte más alta de un poblado de ladera, a modo de castillo, un torreón de gran tamaño, último heredero de la vieja tradición local de la torre redonda.

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Foso, antemural y torreón en el Cabezo Palermo de Caspe.

Las singulares características de las fortificaciones ibéricas bajoaragonesas, entre los siglos III y I a.C., ha llevado a algunos investigadores, como P. Moret y S. Melguizo, a considerarlas propias de un “estilo regional” que vendría definido por el empleo de grandes torres circulares, murallas curvas, fosos y antemurales. A estas estructuras aún cabría añadir una nueva disposición en los accesos de los poblados a través de los caminos-foso que aparecen en buena parte de los asentamientos de época ibero-romana de nuestro territorio.

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Recreación teórica, a vista de pájaro, de La Tallada de Caspe. Dibujo F. Riart.

El poblado ibérico de La Tallada de Caspe, cuya ocupación se fecha entre los siglos IV y I a.C., se sitúa sobre un cerro de cima amesetada con una disposición urbana adaptada al terreno en la que destaca la presencia de una gran balsa o cisterna en su zona central. La acrópolis, a la que podía accederse con carros, disponía de un sofisticado sistema defensivo con varios torreones, murallas curvas en talud, antemurales y varios fosos en una disposición muy similar a la de Els Castellans de Cretas. Muy cerca de La Tallada, a menos de 3 kms., se encuentra el yacimiento de Palermo I, apenas excavado, que presenta, no obstante, claros restos de fortificaciones entre las que de nuevo se aprecian dos torreones, dos fosos excavados en la roca delante de una potente muralla y un antemural. La cronología de este yacimiento es contemporánea a la de La Tallada.

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Base del torreón sur de La Tallada de Caspe

En el yacimiento de Torre Cremada de Valdeltormo, del siglo I a.C., destaca la presencia de una monumental torre de planta de tendencia circular que presenta diversas habitaciones adosadas dentro de un recinto amurallado. Esta torre se sitúa en el ángulo norte de una fortificación más amplia, protegida por una gruesa muralla que parte de los dos lados del torreón. Se trataría probablemente de un recinto fortificado residencial para las élites, mientras el resto de la población viviría en la zona de la ladera, donde se han documentado restos de estructuras de habitación. Su fundación parece tener relación con una reorganización del territorio y del poblamiento tras la llegada de los romanos mediante la concentración de la población en determinados lugares, de la cual El Palao de Alcañiz o el Cabezo de Alcalá de Azaila serían otros ejemplos.

Torre Cremada 3

Fortín de Torre Cremada de Valdeltormo

Torre Cremada 1

Recreación teórica del fortín de Torre Quemada de Valdeltormo. Dibujo F. Riart.

El Cabezo de Alcalá de Azaila, cuyo aspecto actual responde a la última fase de los siglos II-I a.C., presenta una acrópolis rodeada por un sistema de murallas mediante anillos sucesivos y un foso que protegía la vertiente este de más fácil acceso. Dos torres de planta cuadrangular completaban la defensa de este asentamiento a la vez que le otorgaban un control visual de hasta 30 km de radio. La ciudad se organiza en torno a dos grandes calles que la cruzan de norte a sur y de la que parten otras perpendiculares de menor tamaño. La ciudad sufrió una violenta destrucción tras un terrible asedio durante las guerras sertorianas, entre los años 80 y 76 a.C. El asalto a la acrópolis se realizó en la zona SE, donde los defensores dispusieron un sistema de piedras hincadas para impedir el acceso de tropas e ingenios de asalto. Sin embargo, el ejército atacante levantó por el sur una gran rampa de piedra y tierras con estructuras de opus caementicium que permitiría el acceso de torres de asalto provocando la destrucción final de la ciudad que ya no volvería a ser ocupada.

7. Cabezo de Alcalá de Azaila

Calle del Cabezo de Alcalá de Azaila con restos de dos torreones al fondo.

Por último, El Palao de Alcañiz, cuya ocupación parece mantenerse de forma ininterrumpida desde el siglo VII a.C. hasta finales del siglo I de nuestra era, y que puede considerarse el principal asentamiento de época ibero-romana en el Bajo Aragón, conserva restos de fortificaciones de distintos momentos, desde torreones de planta circular del primer asentamiento de la Edad del Hierro (siglos VII-VI a.C.) en la parte más elevada del cerro, hasta restos de murallas en distintas zonas del poblado en el que destaca, además, un gran camino-foso de acceso a la ciudad.

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Vista aérea de El Palao de Alcañiz. Foto J. Jaén.

 

El fin de las fortificaciones ibéricas

Con el inicio de la plena romanización en el Bajo Aragón, a partir del siglo I a.C., y la pacificación del territorio, los antiguos asentamientos ibéricos ubicados hasta entonces en cerros estratégicos, fortificados y de fácil defensa se irán abandonando progresivamente y la decreciente población se establecerá en el llano en torno a grandes fincas agrícolas de familias de terratenientes que debieron promover y construir las primeras grandes infraestructuras de regadío de nuestro territorio. Los antiguos poblados ibéricos y sus espectaculares fortificaciones, definitivamente abandonadas y arruinadas, seguirían evocando durante mucho tiempo en el paisaje bajoaragonés la memoria de pasados tiempos convulsos.

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Torreón de San Pedro de Oliete

 

BibliografÍa:

Benavente J.A. y Fatas, L. (coord), (2009): Iberos en el Bajo Aragón. Guía de la Ruta. Zaragoza

Melguizo, S. (2005): Iberos del Regallo, Cedemar – IFC, Zaragoza.

Melguizo, S. y Moret, P. (2007): “Las fortificaciones del Bajo Aragón entre los siglos III y a.C.: un modelo regional”. Paisajes fortificados de la Edad del Hierro. Bibliotheca Archaelogica Hispana, 28, Madrid, pp. 305-325.

Melguizo, S.; Benavente, J.A.; Bea, M. y Blanco, A. (2012): “Aproximación al poblamiento ibérico del Bajo Aragón y nuevas perspectivas sobre el Taratrato (Alcañiz)”. Iberos del Ebro. Actas Congreso Internacional. Institut Catalá d´Arqueología Classica. Tarragona, pp. 122-153.

Moret, P. Benavente, J.A. y Gorgues Alexis (2007): Iberos del Matarraña, Alqannis-11, Taller de Arqueología de Alcañiz, Alcañiz.

Moret, P. (2006): “Torres circulares del Bajo Aragón y zonas vecinas: hacia la definición de un modelo regional.”, en A. Oliver Foix (ed.), Arquitectura defensiva. La protección de la población y del territorio en época ibérica (Benicarló, 3-4 de febrero 2005), Castellón, Sociedad Castellonense de Cultura, pp. 187-218.

Moret, P. (2005-2006): “La época ibérica en El Palao, (Alcañiz, Teruel)”, Kalathos 24-25, S.A.E.T., Teruel, pp. 155-175.

Romeo, F. y Royo J.I. (2015): “Los sistemas defensivos de los asentamientos y ciudades ibéricas del valle medio del Ebro del siglo III al I a.C., éxito y olvido de un modelo tardío”. Fortificaciones en la Edad del Hierro. Control de los recursos y el territorio. Zamora Protohistórica, Zamora,  pp. 341-360.

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