CULTURA IBÉRICA Y ROMANA

Fortificaciones ibéricas en el Bajo Aragón (1): De los orígenes al Ibérico pleno

En el Bajo Aragón se documentan más de una veintena de yacimientos excavados de época ibérica a través de los cuales se puede seguir, siglo a siglo y con diferentes ejemplos, los orígenes, evolución y desarrollo de las primeras fortificaciones urbanas aragonesas, desde la Primera Edad del Hierro hasta la plena romanización.

Los orígenes

Las guerras, tan antiguas como la existencia del hombre, obligaron a tomar medidas de seguridad, protección y defensa por parte de los distintos grupos humanos para facilitar su supervivencia ante el ataque de otros grupos hostiles. La primera de ellas, y sin duda la más sencilla, fue la de utilizar defensas naturales y lugares de difícil acceso y fácil protección como la cima de cerros aislados, cuevas, abrigos o zonas ubicadas junto o escarpes rocosos o penínsulas. En el Bajo Aragón los primeros asentamientos urbanos estables (constituidos por simples agrupaciones de cabañas y edificaciones de poca entidad) no tuvieron lugar hasta bien entrada la Edad del Bronce (hacia el 1500 a.C.) en lo alto de cerros casi inaccesibles como El Cabezo del Cuervo, junto al río Guadalope, o el Cabezo Sellado de Valdevallerías, junto al Regallo, ambos en el término de Alcañiz. Parece probable que en estos primeros poblados ya se utilizaran estructuras defensivas sencillas como empalizadas de madera o simples muros de cerramiento.

Cabezo del Cuervo (1)

Cabezo del Cuervo de Alcañiz

 

Las primeras fortificaciones en el Bajo Aragón

En el Bajo Aragón la construcción de auténticas fortificaciones tendría lugar casi al mismo tiempo que el desarrollo del poblado de calle central, tan característico del urbanismo protohistórico en el Valle del Ebro y el Levante peninsular. Inicialmente la fortificación consistiría en un simple pero solido muro de piedra o tierra que encerraría y protegería las viviendas concentradas en la cumbre o la ladera de un cerro, protegiendo sobre todo las zonas de más fácil acceso.

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San Cristóbal de Mazaleón con torreones en la zona derecha. Foto J. Jaén.

El primer poblado bajoaragonés en el que se documenta con seguridad la presencia de torreones es el de San Cristóbal de Mazaleón (de los siglos VII-VI a.C) ubicado en lo alto de un estratégico cerro, junto a la ermita del mismo nombre, desde el que se divisa un amplio tramo del río Matarraña. En este asentamiento urbano, conformado por una alineación de grandes viviendas de planta rectangular, destaca la presencia en su perímetro norte de un pequeño torreón de planta circular y otros tres de planta cuadrangular. Así  mismo llama la atención en la zona oeste la presencia de un grueso muro que cerraba y protegía un amplio espacio, de difícil acceso por otras zonas, que posiblemente tenía una función especial dentro del poblado, quizás de vivienda de la familia dominante o de zona de almacenamiento de excedentes agrícolas.

Fig. 7.1

Plano de San Cristóbal, según L. Fatás.

Algunos sitios pendientes de excavación, como el interesante asentamiento del Hierro I – Ibérico antiguo de La Reala de Alcañiz, ya disponen de un gran muro de cierre, de unos dos metros de espesor, posiblemente construido con tapial o adobes y quizás con un pequeño torreón en su zona central, que protege el único acceso a una pequeña concentración de viviendas ubicadas en el extremo de un pequeño promontorio rodeado de escarpes rocosos.

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Muralla de cierre en el poblado de La Reala de Alcañiz.

Algunos poblados de esta época conservan restos de recintos amurallados con los que se asocian algunas torres de pequeño tamaño (bien de planta circular o cuadrangular) que facilitaban la defensa de los accesos y los flancos.

Tossal Redó Calaceite

Vista aérea del poblado de Tossal Redó de Calaceite. Foto J. Jaén

En el siglo VI a.C. se sitúa el poblado de Tossal Redó de Calaceite que presenta un urbanismo típico de calle central con las viviendas alineadas a ambos lados de la misma. El poblado se emplaza en una colina de poca elevación que tiene, sin embargo, un importante control sobre el territorio circundante. En torno al poblado se conservan restos de dos pequeños recintos amurallados: uno en el perímetro de la cima amesetada del cerro y otro que discurría por la base de la ladera del mismo. La alineación de paredes traseras de las viviendas jugaría así mismo el papel de muralla defensiva. Las investigaciones recientes han podido documentar la presencia de dos pequeños torreones de planta cuadrangular situados cada uno de ellos junto a las dos entradas de acceso al poblado.

2. Tossal Redo plano

Plano de Tossal Redó, según J. A. Benavente, M. Lanuza y S. Melguizo.

En El Palao de Alcañiz, cuya ocupación parece mantenerse ininterrumpidamente desde el Bronce Final (en torno al 800 a.C.) hasta finales del siglo I de nuestra era y puede considerarse el principal asentamiento de época ibero-romana en el Bajo Aragón, se conservan restos de fortificaciones de distintos momentos, desde torreones de planta circular del asentamiento de la Edad del Hierro, hasta restos de murallas de época republicana en distintas zonas del poblado en el que destaca, además, un gran camino-foso de acceso a la ciudad. En la segunda mitad de siglo VI a.C. se documenta en la zona más alta del extenso cerro un pequeño poblado de la Primera Edad del Hierro cuyo acceso está bien protegido mediante dos torres de planta curvilínea y un antemural que conforman una entrada en recodo.

Zona 2

Detalle de las fortificaciones en la fase de la Edad del Hierro de El Palao de Alcañiz. Foto J. Jaén.

 

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Planta de la zona 2 de El Palao, según P. Moret 2005.

 

Un reciente hallazgo: las casas-torre

Durante el siglo VI nace otra forma de hábitat fortificado, muy original y propio de las tierras del Bajo Aragón y del Bajo Ebro: la casa-torre. Se trata de torreones exentos, que tienen exteriormente todo el aspecto de una atalaya, pero que en su interior aparecen como una auténtica vivienda con todo el equipamiento necesario para la vida cotidiana de una familia (vasijas de todo tipo, horno, telar, bancos, etc.). Distintos hallazgos recientes hacen pensar que estas casas-torre eran residencias aristocráticas, habitadas por las familias dominantes en una sociedad que conocía un incipiente proceso de jerarquización social. Con este tipo de hábitat se relacionan las tumbas o túmulos funerarios de elites guerreras con ajuares excepcionales como la de Les Umbries de Calaceite. Los casos mejor conocidos de este tipo de edificaciones en el Bajo Aragón son los de Tossal Montañés de Valdeltormo y La Guardia de Alcorisa.

3. Tossal Montañés

Reconstrucción teórica de la casa-torre de Tossal Montañés, según P. Moret

 

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Base del torreón de La Guardia de Alcorisa

 

Los poblados de calle central

Con el paso del tiempo, las casas-torre desaparecerán y será en los poblados donde encontraremos nuevos ejemplos de fortificaciones, cada vez más sofisticadas. A mediados del siglo V se sitúa el poblado de El Cabo de Andorra (Teruel) que presenta dos núcleos de edificaciones claramente diferenciados con un gran torreón de planta rectangular entre ambos. El núcleo urbano de El Cabo 2 presenta de nuevo un urbanismo de calle central con unas 50 pequeñas viviendas o espacios de dos plantas ubicados a ambos lados de la calle. El poblado presenta una muralla escalonada en su vertiente más accesible así como un gran torreón de planta cuadrangular que protegía su acceso principal. También en el extremo oriental del poblado se construyó una plataforma elevada de piedra y barro posiblemente como base de otra torre, quizás de madera.

5. El Cabo de Andorra

Reconstrucción teórica del poblado de El Cabo de Andorra, según J.A. Benavente – Attis multimedia

También en el siglo V a.C. se sitúa la primera fase del poblado de San Antonio de Calaceite, ubicado en la parte más alta y meridional del alargado cerro en el que se emplaza. Este primer poblado, cuyo urbanismo responde una vez más al poblado de calle central junto a la cual se distribuyen medio centenar de pequeñas viviendas dispuestas a sus lados, estaba protegido en su vertiente oeste por un par de torreones de planta cuadrangular y por un grueso muro en el acceso principal, al norte, posiblemente con otra torre. Estas primeras fortificaciones quedarían posteriormente integradas dentro de la gran ampliación urbana que el asentamiento desarrollaría a lo largo del siglo III a.C.

San Antonio de Calaceite (Teruel)

San Antonio de Calaceite. Foto J. Jaén.

 

1b. Planta San Antonio, según P. Moret

Planta de San Antonio, según P. Moret. Los muros marcados en negro corresponden a la primera fase de los siglos V-IV a.C.

En el siglo IV a.C. se ocupa, sobre un pequeño montículo situado cerca del Regallo, el  pequeño poblado de El Taratrato de Alcañiz que fue excavado, como muchos otros de nuestra comarca, a principios del siglo XX. Otra vez nos encontramos con un urbanismo de calle central con unas 40 viviendas ubicadas en torno a un amplio espacio longitudinal. Las recientes investigaciones en este yacimiento han confirmado que tuvo hasta cuatro grandes torreones (uno de ellos pendiente de excavación), todos de planta cuadrangular y construidos o reforzados en la fase final del poblado. El de mayor tamaño defendía el acceso principal, en el sector este, y los otros tres se ubican a distancias regulares en el flanco sur, el más accesible del poblado. Así mismo parece confirmarse que el poblado tuvo un amplio foso que lo rodeaba en los sectores sur y oeste mientras que el norte estaría defendido por las propias traseras de las viviendas ubicadas junto a un acusado desnivel natural del terreno.

Vista aérea de El Taratrato

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Planta de El Taratrato con ubicación de los torreones 2 y 3. Según S. Melguizo y J.A. Benavente.

A partir del siglo IV a.C. tiene lugar el auge de las fortificaciones ibéricas en el Bajo Aragón, muchas de ellas construidas posiblemente como consecuencia de los crecientes conflictos entre cartagineses y romanos por el dominio del Mediterráneo lo que acabaría desencadenando, a finales del siglo III a. C., la Segunda Guerra Púnica que afectaría de lleno a toda nuestra comarca.

Bibliografía

Benavente J.A. y Fatas, L. (coord), (2009): Iberos en el Bajo Aragón. Guía de la Ruta. Zaragoza

Melguizo, S. (2005): Iberos del Regallo, Cedemar – IFC, Zaragoza.

Melguizo, S. y Moret, P. (2007): “Las fortificaciones del Bajo Aragón entre los siglos III y a.C.: un modelo regional”. Paisajes fortificados de la Edad del Hierro. Bibliotheca Archaelogica Hispana, 28, Madrid, pp. 305-325.

Melguizo, S.; Benavente, J.A.; Bea, M. y Blanco, A. (2012): “Aproximación al poblamiento ibérico del Bajo Aragón y nuevas perspectivas sobre el Taratrato (Alcañiz)”. Iberos del Ebro. Actas Congreso Internacional. Institut Catalá d´Arqueología Classica. Tarragona, pp. 122-153.

Moret, P. Benavente, J.A. y Gorgues Alexis (2007): Iberos del Matarraña, Alqannis-11, Taller de Arqueología de Alcañiz, Alcañiz.

Moret, P. (2006): “Torres circulares del Bajo Aragón y zonas vecinas: hacia la definición de un modelo regional.”, en A. Oliver Foix (ed.), Arquitectura defensiva. La protección de la población y del territorio en época ibérica (Benicarló, 3-4 de febrero 2005), Castellón, Sociedad Castellonense de Cultura, pp. 187-218.

Moret, P. (2005-2006): “La época ibérica en El Palao, (Alcañiz, Teruel)”, Kalathos 24-25, S.A.E.T., Teruel, pp. 155-175.

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