EDAD CONTEMPORÁNEA

Ramón Cabrera “El tigre del Maestrazgo” (1): Espiral de violencia en el Bajo Aragón (1835 – 1836)

Tras la ejecución en Miranda de Ebro del líder carlista alcañizano D. Manuel Carnicer, en abril de 1835, Ramón Cabrera asumió el mando de las partidas carlistas que operaban en el Bajo Aragón. Su carácter frío y agresivo desencadenó una espiral de violencia, que culminó con el asesinato de su anciana madre, en un execrable crimen de Estado, y continuó con las represalias de Cabrera.

 

Cabrera, caudillo carlista

 FULGURANTE ASCENSO MILITAR

Ramón Cabrera, el seminarista tortosino, que había abandonado sus estudios eclesiásticos en 1833, se incorporó el 16 de noviembre del mismo año a la rebelión carlista, poco después de que Morella cayera en manos del ejército isabelino. Enseguida se convirtió en cabecilla de su propia partida, con notable éxito en sus correrías guerrilleras por el Bajo Aragón y el Maestrazgo. En 1934, con sólo 28 años, fue ascendido a coronel por el pretendiente Carlos V. Y en 1835, tras la muerte de Carnicer, fue nombrado Comandante General interino de todo el Bajo Aragón.

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Fortín de Cabrera en Beceite

Tenía su guarida bajoaragonesa en Beceite. El agreste territorio de los Puertos le servía de punto de partida para sus ataques y como refugio en sus retiradas. En sus correrías por los pueblos de la contornada, reclutaba hombres, requisaba víveres, cobraba impuestos revolucionarios y exigía, bajo amenaza, la colaboración de autoridades y campesinos en servicios de mensajería entre las partidas sublevadas y vigilancia de los movimientos de tropas gubernamentales.

Exigía con rigor el cumplimiento de sus mandatos y aplicaba castigos ejemplares a quienes los ignoraban o incumplían. Durante una de sus correrías, que pasó por Fórnoles, cuenta Francisco Foz en sus memorias, que le ordenó a él y a dos vecinos más, que se apostasen por la noche en tres caminos distintos que conducen al pueblo. Habían de vigilar la eventual llegada de tropas gubernamentales y les espetó: “Mirad paisanos, que si no cumplís bien lo que os mando, os fusilaré, porque a mí lo mismo me da fusilar a un hombre que a un perro”.

Asalto Carlista

Asalto carlista

 

FUSILAMIENTO DE LOS ALCALDES DE TORRECILLA Y VALDEALGORFA

Para escarmiento y ejemplaridad de quienes incumpliesen sus órdenes, castigó severamente los actos de las autoridades locales cuando no se sometieron a sus exigencias.

Portales de La Fresneda

También cuenta Francisco en sus memorias, que a su tío Ramón (hermano de Braulio  Foz, el escritor), que ejercía como secretario del ayuntamiento de Fórnoles, “a consecuencia de haber dado  un parte a las tropas leales, referente a los carlistas, que cayó en manos de éstos antes de llegar a su destino, le propinaron una solemne paliza, en la plaza del pueblo, que todos creímos que no resistiría. Causa por la que renunció a la secretaría…”

La Fresneda (Los Portales)

El 6 de febrero de 1836 Cabrera ordenó el fusilamiento de los alcaldes de Torrecilla (Alejandro Burgués) y Valdealgorfa (Francisco Zapater), por facilitar informes a las autoridades liberales según algunos historiadores. Sin embargo Francisco Foz, en sus memorias, atribuye estas muertes a otro motivo: “Cabrera hizo algunos pedidos de raciones de boca para alimentar a sus tropas. Los alcaldes de dichos pueblos, bien porque les fuese más fácil la conducción del pedido, o por alguna otra mira que yo ignoro, le presentaron el pedido en dinero. Pero Cabrera, bien porque le pareciese aquello una desobediencia o insulto, lo tomó tan pecho arriba que mandó fuesen fusilados. Lo que se verificó en los portales del pueblo de La Fresneda, sin  contemplación ni compasión alguna. Sin que valieran los muchos empeños e influencias de personas importantes que mediaran para ver si se podía remediar. Contestando tan sólo que sus soldados no se alimentaban con dinero sino con sustancias alimenticias”.

 

FUSILAMIENTO DE LA MADRE DE CABRERA

Cundió el terror entre los alcaldes del Bajo Aragón. En estas circunstancias surgieron serias dudas sobre la futura colaboración de los mismos en favor del ejército gubernamental. En esta situación el general Agustín Nogueras, jefe del ejército isabelino en el Bajo Aragón, con la ratificación de Espoz y Mina, a la sazón Capitán General de Cataluña, ordenó como represalia el fusilamiento de la anciana e inocente María Griñó, la madre de Ramón Cabrera.

Fusilamiento de la madre de Cabrera

María Griñó, madre de Cabrera

La ejecución de María tuvo lugar en Tortosa el 16 de febrero, diez días después de los fusilamientos de La Fresneda.  Se había cometido un crimen de Estado y, con ello, quedaba manchaba la honorabilidad y se ponía en entredicho la legitimidad de las autoridades que habían alentado, ordenado y ejecutado el crimen.

 

FULMINANTE REACCIÓN DEL “TIGRE”

La reacción de Cabrera no se hizo esperar. El 20 de febrero, a los cuatro días del asesinato de su madre, lanzó desde Valderrobres una dura proclama contra el gobierno y mandó fusilar a cuatro mujeres. Francisco Foz lo cuenta así : “De ello resultó lo que era de esperar: que Cabrera procediera a las represalias con muchas creces, como sucedió en Valderrobres el 20 de febrero de 1836, que fusiló en un huerto a María Roque, esposa del coronel Fontiveros, y a Cinta Foz, Mariana Guardia y Francisca Urquizu, sólo porque pertenecían a familias liberales. Acto muy cruel y sanguinario y sin ningún modo de ser. Porque ¿qué culpa tenían las pobres señoras de que los liberales de Tortosa hubieran fusilado a la madre de Cabrera, para que éste fusilara a cuatro en represalia de su madre, que sólo era una? Con este caso sangriento puso un borrón indeleble que nunca se borrará. Desprendiéndose de esto que aquella guerra fue muy sangrienta y desastrosa para la nación”.

Partida carlista

 

PRONUNCIAMIENTO DE LA JUNTA DE GOBIERNO DE ARAGÓN

 Ante tanta injusticia y tanta maldad, la Junta de Gobierno de Aragón el 8 de agosto de 1836 se pronunció, en Zaragoza, contra el gobierno central y proclamó restaurada la Constitución de Cádiz de 1812. Éste hecho no tuvo grandes consecuencias políticas, pero puso en evidencia el descontento y la decepción del pueblo aragonés, reflejados en esta tonada que se hizo popular a raíz de aquellos hechos luctuosos.

 

Aragón desengañado

De tanta audacia y maldad

Clama por la libertad,

Que el ministerio ha usurpado.

Tan justamente indignado

El Pueblo Hispano se halla

Que, con decisión estalla,

Tercera revolución,

Siendo su resolución

El dar fin con la canalla.

 

Bandera carlista usada en el Bajo Aragón

 

BIBLIOGRAFÍA

CABELLO Francisco. “Historia de la guerra última en Aragón y Valencia”. Madrid: Imprenta del Colegio de sordo-mudos, 1845

FOZ, Francisco. “Mis memorias. Andanzas de un veterinario rural (1818-1886)”. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2013

PIRALA, Antonio. “Historia de la Guerra Civil y de los partidos liberal y carlista. Tomo III. Año 1836”. Madrid: Editor Felipe González Rojas, 1891

RÚJULA LÓPEZ, Pedro. “Contrarrevolución. Realismo y Carlismo en Aragón y el Maestrazgo, 1820-1840”. Zaragoza: Prensas universitarias de Zaragoza, 1998

 

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