EDAD CONTEMPORÁNEA/EDAD MEDIA/EDAD MODERNA/TESOROS DEL BAJO ARAGON

El Monasterio de Santa Susana o de La Trapa de Maella (Zaragoza): una historia aciaga

En las inmediaciones de Maella se encuentran las ruinas de un monasterio cuyo origen, según la tradición, se remonta nada menos que a época visigoda. Tras numerosos episodios de abandono, destrucción y expolio su desafortunada historia todavía continúa.

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Vista actual del convento de Santa Susana desde el noroeste.

Santa Susana y Maella

Entre las localidades zaragozanas de Maella y Fabara, dominando una extensa zona de fértiles huertas cerca de la margen izquierda del río Guadalope, se conservan las ruinas de un famoso monasterio dedicado a Santa Susana cuya fundación como iglesia por la orden de los Benedictinos se remonta, según la tradición, al siglo VI d.C.

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Santa Susana, según un códice del siglo XV

Según esa tradición Santa Susana, tras ser martirizada en Roma fue llevada milagrosamente a Amposta donde vivió 24 años en una cueva apartada del mundo y sin comunicarse con nadie, asistida tan solo por los mismos espíritus angélicos que la habían traído junto al Ebro. Tras ese largo retiro los ángeles pidieron a la santa que se vistiera de hombre e ingresara en un convento de monjes benedictinos construido en Maella, cerca del Matarraña, donde fue recibida por la comunidad con gran alborozo y donde la santa realizó numerosos milagros. Tiempo después, cuando llegaron los musulmanes en su conquista de la península ibérica hasta Maella y su convento, la santa fue vez martirizada por segunda vez y degollada junto a un robusto pino. De nuevo los ángeles protectores de la santa tomaron su cuerpo y lo enterraron en un lugar desconocido de la iglesia de su propio monasterio, cuya capilla tomaría su nombre a partir de entonces.

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Fachada principal del convento. A la derecha, en primer término, la capilla medieval

El origen del monasterio: la capilla gótica

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Interior de la capilla gótica

Obviando cualquier verosimilitud de esta antigua tradición cristiana sobre Santa Susana, absolutamente fantástica, parece más probable que la posible iglesia visigoda, de la que no se conoce ningún resto, fuera abandonada en los siglos bajo dominación musulmana y reconstruida por la Orden de Calatrava en los inicios del siglo XIII. Es a partir de este momento cuando la historia del Monasterio de Santa Susana está realmente documentada pues se sabe que en el año 1226 la Orden de Calatrava cedió la pequeña iglesia de su propiedad existente junto a Maella a los monjes cistercienses del monasterio de Santa María d´Escarp (Lérida) quienes establecieron en este lugar un nuevo convento dependiente del monasterio leridano. En 1341 se dio licencia para recoger limosnas por todo el arzobispado de Zaragoza para “la fábrica de la Iglesia de Santa Susana situada en el término de Maella, en la cual se halla el cuerpo de la Santa”.

Posiblemente de esta época debe datar la pequeña nave gótica que todavía se conserva adosada a la nave principal del conjunto monástico maellano. La buena construcción de la iglesia con piedra sillar y la conservación de su cubierta original, definida por tres bóvedas de crucería de las cuales la central presenta en su clave la flor de lis o emblema de la Orden de Calatrava, han sido decisivas para mantener todavía en un estado aceptable de conservación este antiguo edificio pese a que el conjunto monástico permanece totalmente abandonado y arruinado desde hace décadas.

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Detalle de la bóveda central de la capilla gótica con emblema de la orden de Calatrava

Conflictos en la Edad Moderna

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Restos de edificaciones del antiguo caserío de Villanueva de Almazán junto al convento

En 1507 la antigua iglesia de Santa Susana, junto con el señorío de Maella, pasó por compra a D. Miguel Pérez de Almazán quien fundó junto al convento un pequeño asentamiento rural al que denominó Villanueva de Almazán y del que todavía se conservan en ruinas algunas edificaciones frente al monasterio si bien nunca llegó a prosperar como municipio independiente. En 1587 llegaron al convento numerosas reliquias de santos procedentes de Roma que luego se repartieron por los pueblos de la comarca. En el siglo XVII, en 1643, los franceses tomaron Maella, destruyeron la ciudad, el castillo y el convento y se llevaron de éste último cuadros y tablas con los milagros y martirios de Santa Susana que decoraban su iglesia. El monasterio sufrió otra destrucción en 1649 en la guerra con Cataluña a cargo de una partida de miqueletes. En esta época hubo un intento de convertir el convento en un monasterio femenino de la misma orden cisterciense, pero el proyecto, finalmente, no se llevó a cabo.

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Vista de la nave central de la iglesia, a la izquierda el arco de acceso a la capilla gótica.

La llegada de los trapenses y su austera vida

En 1796 llegó al arruinado monasterio maellano una comunidad de monjes trapenses franceses, expulsados por la Revolución Francesa, desde su casa principal en Friburgo (Suiza) dirigidos por un joven monje belga de origen español llamado fray Gerásimo de Alcántara. Tras numerosas vicisitudes y negociaciones, y gracias a la mediación del ministro Godoy, el rey Carlos IV cedió a la comunidad de la Trapa el antiguo convento de santa Susana y sus tierras yermas, así como una finca baldía en el término de Caspe, cerca de la ermita de Sta. María Magdalena y Sta. Marta, junto al Ebro.

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Monjes trabajando en el campo

La laboriosa comunidad de monjes, que seguía estrictamente la Regla de San Benito dedicada a la oración y el trabajo, amplió poco a poco el antiguo edificio y mejoró de forma notable sus instalaciones, huertas y campos de labor gracias a su constante y paciente trabajo y a las numerosas donaciones y ayudas de vecinos y nobles. De esa época datan los sencillos muros de tapial y cañizo con enlucidos de barro y cal que todavía se conservan.

Los monjes trapenses llevaban una vida de extrema austeridad. Iniciaban la jornada a la una de la madrugada y ayunaban siete meses al año (con una sola comida a las 4,15 de la tarde a base de pan, agua y algunas verduras). El aceite o la manteca solo se empleaba para los enfermos y jamás consumían especias, aderezos, carne o pescado. Dormían en tablados de madera con almohada de paja y funda del mismo tejido que los hábitos. Trabajaban cuatro horas al día vida dedicando el resto del tiempo a la oración, la meditación y la penitencia en un ambiente de silencio riguroso, soledad y recogimiento interior.

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Armand Bouthillier, fundador de la orden de La Trapa

A pesar de ello, los monjes trapenses introdujeron importantes adelantos en la agricultura de la zona mediante la utilización de norias para regadío, uso de estiércol como abono, muelas cónicas para la oliva o el cultivo de la patata.

El convento en el siglo XIX

El convento trapense de Santa Susana sufrió de nuevo importantes destrucciones y saqueos en 1808 con la guerra de la Independencia. La descripción del monasterio que se conserva de 1835, con motivo de la desamortización, es la que mayor información da sobre el aspecto y la riqueza de la comunidad monástica en esa época. Entre los bienes inventariados por esa Real Orden se encontraban 333 libros y numerosos cuadros: seis en la sacristía y 69 en el claustro. Dentro de la iglesia, el altar mayor estaba dedicado a Nuestra Señora de la Trapa, flanqueada por cuadros de San Pedro y San Pablo. Otros retablos estaban dedicados a San José y San Bernardo, pintados en lienzo. La sillería del coro estaba dividida en una serie alta y otra baja, con un total de 78 asientos; era de pino pintado de color caoba. En el respaldo de la iglesia había además una capilla con tres altares con retablos sobredorados dedicados a la Virgen de los Dolores,  San Joaquín, Santa Ana y San Juan.

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Estado de una de las dependencias del convento

Los principales edificios eran la portería, la hospedería, la biblioteca, el  refectorio, el claustro (hoy totalmente desaparecido y que fue el elemento más impresionante del edificio, con un pozo en el centro) y la torre, que tenía dos campanas y un reloj. Además poseía sala de estudio, enfermería, sastrería, lavadero, horno de pan cocer, laboratorio, bodega vinícola, caballeriza, pajar, molino aceitero, imprenta, carpintería y herrería.

En total había seis dormitorios: el de San Bernardo, con 27 habitaciones; el de San Esteban, con 6; el de San Benito, con 16; el de San Roberto, con 10; el de San Plácido, con 10, y el de San José, con 19 alcobas. Los monjes llegaron a ser unos 90 en su momento de máximo esplendor. El edificio era de escaso valor artístico, con paredes de tierra cubiertas de yeso decoradas con inscripciones de máximas bíblicas. La hospedería tenía unas 20 camas que ocupaban tanto huéspedes como criados.

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El guerrillero fray Antonio Marañón, apodado “El Trapense”.

En las Guerras carlistas algunos monjes abandonaron el convento  dirección a Francia pero muchos otros pasaron a las filas carlistas, siendo algunos de ellos posteriormente fusilados por el  ejército liberal. Uno de ellos fue el famoso guerrillero Antonio Marañón, apodado “El Trapense”, quien tras ser capitán en la Guerra de la Independencia se metió fraile en el convento de Maella para volver a salir con motivo de la Guerra Realista (1821-1823) dejando un rastro de crímenes y violencia mientras empuñaba en una mano el látigo y en la otra la cruz, acompañado de su amante Josefina Comerford. Murió en 1826 tras volver al mismo convento del que se había fugado unos años antes.

La Real Orden del 29 de agosto de 1835 expropiaba definitivamente el monasterio de Santa Susana de Maella. Aun así, los monjes trapenses permanecieron en el edificio hasta el 20 de marzo de 1837. Tras su abandono el convento no ha vuelto a ser ocupado y su deterioro ha sido progresivo hasta convertirse en una gigantesca ruina de la que solo se mantiene airosa la antigua iglesia gótica.

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El convento de La Trapa hoy, rodeado de cultivos y junto a la carretera de Fabara

Hoy, las ruinas de este antes apacible y silencioso lugar se yerguen a duras penas junto a una ruidosa carretera que pasa a pocos metros de su fachada principal y que obstaculiza peligrosamente su acceso.

Bibliografía:

Lacasa, E. 1982: “Santa María de La Trapa de Santa Susana de Maella”, Cuadernos de Estudios Caspolinos VII, Caspe, 101-124.

Vidella, S. 1908: “La Trapa de Maella” Boletín de Historia y Geografía del Bajo Aragón, Tomo II, Tortosa, 63 y 114.

Vidiella, S. 1927, “Un rector de Valdeltormo. Vida y obras del ilustre bajo-aragonés D. Evaristo Cólera Soldevilla”. Rev. Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 33-39.

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