EDAD CONTEMPORÁNEA

Francisco Foz (1818-1896) testigo excepcional de la vida bajoaragonesa del siglo XIX: el personaje.

Un bajoaragonés, que vivió los avatares de las guerras carlistas, nos dejó un valioso testimonio escrito. Francisco Foz, superviviente astuto, nos permite conocer de primera mano los sufrimientos de la sociedad civil derivados de aquellas guerras. La frescura y espontaneidad del relato facilita la comprensión del galimatías político del siglo XIX español y sus consecuencias en el Bajo Aragón.

LA INFANCIA DE FRANCISCO FOZ

Nacido en Fórnoles el año 1818, era sobrino carnal de escritor Braulio Foz y, por tanto, de familia liberal que él define de esta manera:

“Mis padres que, aunque de escasa fortuna, llevan un timbre de gloria por su honradez desde tiempo inmemorial. Familia que figuraba muchas veces entre las gentes que llevaban el gobierno y dirección de la población.”

Casa de Francisco Foz (Hogar sin reformas)

Casa de Francisco Foz (hogar sin reformas)

Quedó huérfano de padre a los seis años. Su madre se volvió a casar y le dio padrastro y nuevos hermanos. A los diez años, en 1828, quiso iniciar estudios de Latinidad con su tío Braulio, entonces huido, y refugiado en Fórnoles, a causa de sus ideas liberales. Un severo e injusto veredicto de su tío apartó a Francisco de los estudios y le convirtió en pastor hasta los dieciséis años. Corría el año 1834.

LA GUERRA Y LA POBLACIÓN CIVIL

La guerra había comenzado en 1833. La muerte del rey Fernando VII, sin descendientes varones, provocó un conflicto dinástico. Los liberales, apoyaban la sucesión femenina de Isabel II. Los carlistas, partidarios de la ley sálica, dudosamente derogada, defendían los derechos de don Carlos, hermano del rey difunto. En realidad fue una guerra ideológica entre partidarios de la democracia liberal, emanada de las ideas triunfantes en la revolución francesa, y el conservadurismo absolutista del antiguo régimen.

FÓRNOLES - Casa de Francisco Foz (iluminada por la hoguera de San Blas).

FÓRNOLES – Casa de Francisco Foz (iluminada por la hoguera de San Blas).

Al principio los carlistas no formaban un ejército regular y actuaban como partidas de guerrilleros. Cuenta Francisco que:

“Los carlistas, durante el tiempo de la guerra, estuvieron muchas veces en alta y en baja, sufriendo los pueblos las consecuencias que de ello resultaban. Pero especialmente en el Maestrazgo de Morella y Aragón, por ser país muy montuoso, y los habitantes eminentemente carlistas, por lo que les servía de fuertes albergues de sus correrías. De esto resultaba que los tenían que mantener, sostener y guardar los habitantes de aquel país. Con estas penalidades llegamos al año 34 en que mis padres, a causa de que los ganados se los iban comiendo las tropas leales y los carlistas, especialmente estos últimos, determinaron vender el ganado, cesando por tanto mi vida pastoril.”

La venta del ganado y el inmediato fallecimiento de su padrastro, convirtieron a Francisco en labrador con 16 años de edad. La guerra dificultaba enormemente su trabajo:

Comerciante aragonés

“No se podía cultivar bien porque los paisanos teníamos que estar constantemente prestando servicios a los guerreros: tal que bagajerías (transporte), llevar pliegos (cartas), hacer centinelas de noche y de día y mantenerlos, especialmente a los carlistas. Dándoles camisas, alpargatas y otras cosas. Y si no se les daba, se  lo tomaban ellos a la mayor fuerza. Habiendo muchos casos que quitaban las mantas de abrigo de encima de los que las llevaban, así como las alpargatas y los zapatos de las mujeres que llevaban puestos en los pies, como a mí me sucedió por dos veces…

Hasta que poco a poco pudieron hacerse más fuertes. Pero si entonces no acudían a los extremos que acabo de manifestar, acudían al remedio de pedir raciones de todas clases de alimentos y trimestres de contribución sin cuento. Porque hubo años que pidieron hasta 8 ó 9 trimestres. Amén de lo que se tenía que pagar al gobierno, cuando podían acudir a cobrarlo.”

Guerras carlistas

Al cumplir los 18 años, se entraba en edad militar, y los hombres casados no estaban obligados a incorporarse a la milicia. Francisco, hombre práctico, poco imbuido  de idealismos, no se lo pensó dos veces y, a los 18 años, contrajo un matrimonio bien apañado:

“Porque, tanto el gobierno como los carlistas, se llevaban a todos los jóvenes para la guerra, quedando desde luego muy expuestos a morir por los efectos de la pelea.

Primer y último amor

Primer y último amor

Así, después de haber tanteado algunas jóvenes que me parecían aptas para ser, alguna de ellas, mi compañera, elegí una sumamente joven, pues no contaba más que 14 años de edad, la que me pareció que reunía circunstancias favorables para mí, porque sus intereses se venían a igualar a los míos. Además tenía una tiendecita en casa, que producía algunas utilidades. Con la ventaja que era sola de familia, y hasta una condición simpática, que es el llamarse Francisca y yo Francisco.”

LOS CARLISTAS Y “LOS NEGROS”

Así veía Francisco a los partidarios de ambos bandos:

“La falta de educación entre los voluntarios carlistas se observaba en la mayor parte de ellos. Porque por lo general procedían de familias mal acomodadas, y algunas dadas a la holgazanería. De modo que, cuando se observó algo de educación entre ellos, especialmente entre los soldados rasos, fue a medida que se iban pasando algunos a sus filas, de la parte del gobierno.

Introducción de las Memorias de Francisco Foz

Introducción de las Memorias de Francisco Foz

De ello resultaba que algunos de ellos, al verse sujetos por sus jefes y reprendidos fuertemente y castigados alguna vez, se desertaban, dándose al pillaje y a la vagancia a que estaban acostumbrados. De esto resultaba que luego se veían perseguidos por el gobierno y por sus propios parciales. De lo que resultaban algunos fusilamientos o asesinatos. De lo que resultó que, en cierto modo, quedó el país limpio de malhechores y vagabundos. En tales términos es esto cierto  que, en mi pueblo, murieron de esta forma 18 ó 19 mientras duró la guerra.

Para mudarse a veces de camisa acudían a las casas de los liberales, que ellos llamaban negros, para que les dieran camisas. Y no había más remedio que dárselas porque, de lo contrario, entraban luego las amenazas y, algunas veces, seguidas de las obras. Como le sucedió a mi tío llamado Ramón, que fue a pedirle con amenazas, con una pistola en mano, una mujer llamada tía “Zorra”, camisas para su marido que era carlista.

A los que ellos llamaban negros en mi pueblo, que la mayor parte eran de mi familia, les hicieron una gran cruz en la puerta de la calle con un betún negro, para que fueran distinguidos entre todos los demás vecinos de la población. Cruces que aún hoy, después de 60 años, aún se conocen algunos vestigios de ellas. Vestigios que no han querido borrar los liberales, con objeto de que sirvan de recuerdo de aquellos hechos de fanatismo.”

EL “CURRICULUM” DE FRANCISCO FOZ

Cansado de labrar sus tierras, poco productivas, nuestro hombre ejerció múltiples oficios. Tuvo tienda de comestibles y quincalla en Fórnoles y amplió su negocio con otro local donde,  su mujer, vendía tejidos. Recreció el edificio construyendo habitaciones y cuadras para dedicarlo a posada.

FÓRNOLES - Casa del Delme (Ampliada por Francisco Foz)

FÓRNOLES – Casa del Delme (ampliada por Francisco Foz)

Amplió sus ventas recorriendo, con una mula cargada de telas, mantas y pañuelos, todos los pueblos de la contornada. Y, con otro socio, fue tratante para la compraventa de caballerías.

Se hizo recaudador de contribuciones del ayuntamiento de Fórnoles y, para presentar las liquidaciones en la capital de la provincia, hacía andando, en 38 horas por trayecto, los viajes de ida y regreso a Teruel. Tenía caballerías, pero las dejaba con un jornalero labrando sus tierras en el pueblo.

Después fue guarda de montes de los términos de Fórnoles, La Portellada y Ráfales. Pero todo era poco para saldar las deudas que  había dejado su suegro, al morir arruinado. Y se le ocurrió una idea genial, que su tío Braulio tildó de “calaverada”.

Sin la voluntad de su mujer, y contra la opinión de su tío, a los 36 años, decidió trasladarse a Zaragoza para estudiar veterinaria:

Zaragoza siglo XIX (Plaza del Mercado)

Zaragoza siglo XIX (Plaza del Mercado)

“Llegado que hube a Zaragoza me vestí de pantalón para presentarme a mi señor tío…Como nunca me había visto de pantalón (siempre había vestido calzones, pañuelo en la cabeza y alpargatas en los pies) y no sabía mi llegada a Zaragoza, porque era lo que menos esperaba, le llamó mucho la atención el verme a su presencia con el mencionado traje, y encarándose conmigo me dijo que adónde iba con aquel traje, que parecía un” milord” (un Lord británico).

Un carretero de La Codoñera trasladó a Zaragoza a su mujer y a los tres hijos que entonces tenían. Francisco simultaneó sus estudios con los oficios de tendero, barbero, estanquero y posadero.  Y, en tres años, consiguió el ansiado título de veterinario.  Ejerció su nueva y flamante profesión en las villas turolenses de Obón, Montalbán y Plou. Y más tarde en las zaragozanas de Belchite y Codo.

Obra de Francisco Foz

Obra de Francisco Foz

Participó en un concurso con su libro: “Tratado del Diagnóstico, o sea, Conocimiento de las enfermedades de los animales domésticos” con el que ganó una medalla de plata y el nombramiento como académico honorario de la Academia Central de Veterinaria.

LA SAGA DE LOS FOZ

Francisco y Francisca tuvieron once hijos. Siete murieron de pequeños y sólo  cuatro llegaron a adultos. Uno de los hijos supervivientes, Lázaro Foz Ponz, médico de Lécera, se trasladó después a Barcelona donde, entre otras actividades, fue cofundador  del Centro Aragonés.

Sus descendientes han derivado en una larga dinastía de profesionales brillantes en varias ramas del saber, destacando en la medicina. Para abreviar citaré sólo a  uno de los bisnietos de Francisco: Amadeo Foz Tena, que descubrió y dio nombre a una bacteria llamada, en su honor, “Psycobacter Fozii”.

Lázaro Foz Ponz (Hijo)

Lázaro Foz Ponz (hijo)

Amadeo Faustino Foz Bello (nieto)

Ellos conservaban las memorias manuscritas de su antepasado, ignorando su contenido. La curiosidad reciente de otros dos bisnietos, Mario Foz Sala y Pilar Foz Tena, puso al descubierto el curioso relato. El interés suscitado por el manuscrito, en la Universidad de Zaragoza, ha provocado que la “Institución Fernando el Católico” de Zaragoza haya editado el libro.

 

 

Amadeo Foz Tena (Bisnieto)

Amadeo Foz Tena (bisnieto)

Memorias de Francisco Foz

Memorias de Francisco Foz

 

BIBLIOGRAFÍA

FOZ, Francisco. “Mis memorias. Andanzas de un veterinario rural (1818-1886)”. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2013.

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