EDAD MEDIA/EDAD MODERNA

La Danza de la Muerte y las Cofradías medievales

La obsesión por la muerte dominó en la Edad Media. Los ritos funerarios estuvieron en el origen de las cofradías. Éstas evolucionaron y se convirtieron en la institución más utilizada por la sociedad civil para articularse como poder fáctico dentro del antiguo régimen. Nacieron y se mantuvieron, en lo posible, al margen del poder de reyes, señores y eclesiásticos. La deriva folclórico-religiosa de las cofradías actuales, disfraza su origen y el importante papel que han jugado, durante siglos, en el entramado de la sociedad civil bajo-aragonesa.

LA MUERTE COMO HECHO IGUALITARIO

En la sociedad medieval, el nacimiento era determinante para quedar incardinado, de por vida, en una clase social determinada. La vida estaba llena de peligros. La guerra, la violencia, la peste y las enfermedades conducían de manera inexorable, como ahora, a la muerte segura. La importancia que tenía, en vida, el pertenecer a una clase social determinada, se perdía totalmente con la muerte. En los códices medievales es frecuente la representación jocosa de danzas macabras, en las que participan, en plano de igualdad,  reyes, nobles,  obispos y gente de clase baja.

Danza de la muerte La Danza de la Muerte

Las cofradías medievales, nacieron para hermanar hombres de  diferentes clases sociales y, en su inicio, todas compartieron una característica esencial, la importancia de velar y acompañar a los cofrades difuntos, hasta su última morada, con cirios encendidos. También se encargaban de dar entierro digno a los pobres de solemnidad, que no eran miembros de la cofradía.

EL MUERTO AL HOYO Y EL VIVO AL BOLLO

Desde su origen funerario evolucionaron hacia actividades de ayuda mutua, como la asistencia a los enfermos, sin olvidar nunca los actos de convivencia festiva. Celebraban una fiesta anual, el día de su Santo Patrón, asistiendo a una misa solemne en la capilla asignada al santo o  advocación que daba nombre a la cofradía. Salían en procesión por las calles del pueblo haciendo ostentación de su importancia, por el número de asistentes, por la calidad de las imágenes exhibidas y por la vistosidad uniformada de las túnicas que vestían.

Cofrades en procesión

Cofrades en procesión

La fiesta terminaba con una opípara comida de hermandad, bien regada con bebida que, en algunas ocasiones, derivaba en orgías y trifulcas. Los estatutos eran muy rígidos en cuanto al desarrollo de estas fiestas anuales. Normalmente, con ellas, finalizaba el mandato de Priores y Mayordomos que se renovaba cada año por elección de los cofrades.

Las cofradías medievales, evolucionaron con los intereses de la sociedad, en la que surgieron espontáneamente. Canalizaron intereses variados y actividades muy diversas. Cubrieron necesidades sociales de beneficencia, sanidad, seguros mutuos, enseñanza, agrupaciones gremiales y profesionales, intereses comerciales, actividades de convivencia festiva, etc.

Los cargos de Priores y Mayordomos daban prestigio y relevancia social a quienes los ejercían. En los certificados de pureza de sangre, que se exigían para acceder a los cargos de función pública, figuraban con frecuencia los nombres de antepasados, que hubieran ejercido como Priores. Era mérito y una garantía de cristiano viejo. Las cofradías nunca admitían judíos, moriscos ni pobres de solemnidad.

Casa de la Vila  de La Cerollera

 Casa de la Villa de La Cerollera

 

COFRADÍAS DE ALDEA

En todas las aldeas y pueblos del Bajo Aragón y en los núcleos urbanos más poblados existieron cofradías desde el mismo momento de la repoblación cristiana. Crecieron y acumularon poder e influencia social hasta el siglo XVI y los perdieron en el siglo XIX con la caída del antiguo régimen y las desamortizaciones consiguientes.

En las aldeas, sin concejo propio, suplieron muchas funciones de gobierno local. Procuraron su emancipación de la villa madre y, en muchos casos, consiguieron la autonomía municipal para sus aldeas. En algunos pueblos como la Cerollera (aldea de Monroyo) , Valdealgorfa, Torrecilla y La Codoñera  (aldeas de Alcañiz), el edificio sede de la cofradía se convirtió en la Casa Consistorial que alojó al nuevo Ayuntamiento.

Casa Consistorial de Torrecilla de AlcañizCasa Consistorial de Torrecilla de Alcañiz

En 1539,  por privilegio del emperador Carlos V, se autorizó a la cofradía de San Jaime y Santa Ana de Fórnoles (entonces aldea de Peñarroya) a construir y explotar un molino aceitero, con la obligación anual y perpetua de entregar una arroba de aceite al Comendador y moler, gratuitamente, todas las olivas producidas en las fincas de la encomienda.

Molino de la cofradía de Fórnoles

Molino de la Cofradía de Fórnoles

El único edificio, cuya propiedad conserva aún esta cofradía, es conocido como La escola vella. Ese nombre me hace suponer que allí se impartió enseñanza a los niños del pueblo. Y, en la existencia de esa escola vella, quizá se encuentre la explicación del por qué un pueblo tan pequeño, ha sido cuna de dos de los intelectuales más brillantes nacidos en el Bajo Aragón: Andrés Piquer y Braulio Foz.

Estos dos hombres ilustres sólo fueron el exponente más brillante de una pléyade de universitarios. En unas memorias, recién descubiertas y publicadas, Francisco Foz (1818-1898), sobrino de Braulio, el escritor, contabiliza y cita por nombre y carrera, a veintiséis hombres nacidos en su pueblo de (entonces) 700 habitantes: 9 sacerdotes, 4 veterinarios,  2 cirujanos, 1 médico, 3 literatos, 1 jefe militar, 4 maestros de escuela y 2 farmacéuticos.

Escuela medieval

 Escuela medieval

COFRADÍAS DE VILLA

La prohibición de actividades económicas a las cofradías, en 1834, y la masiva destrucción de documentos por los anarquistas, en 1936, dejó en la penumbra el estudio de la estructura y funcionamiento de estas entidades.

Matías Pallarés (1874-1924 historiador local, nacido en Peñarroya, tuvo en sus manos documentos que luego serían pasto de las llamas y escribió en 1907, en el Boletín de Geografía e Historia del Bajo Aragón, dos valiosos artículos dedicados a la Cofradía de Santa María de la Mola, que funcionaba en Monroyo desde tiempo inmemorial. Esta cofradía extendió su actividad a Peñarroya de Tastavins y se fusionó en 1349 (el año de la peste) con la Cofradía de Nuestra Señora de la Fuente,fundada ocho años antes bajo el amparo de Pedro IV el Ceremonioso.

Cofradia_Santisimo_Sacramento Cofradía del Santísimo Sacramento

Esta cofradía es muy representativa del desarrollo y funcionamiento que tuvieron estas entidades en el Bajo Aragón medieval. Matías Pallares hace una descripción minuciosa y detallada del nombramiento y funciones del Prior y del Capítulo, cuyo mandato duraba un año. Curiosidades como el pago de la cuota por ingresar (4 sueldos y una libra de cera) y por morirse (12 sueldos y medio). A la muerte de un cofrade, los demás pagaban un dinero con el que se hacía pan, que se donaba a los pobres en la puerta de la casa del difunto.

Los cofrades designados por el Prior habían de atender al cofrade enfermo por las noches y, cuando se moría, era obligatoria la asistencia al entierro de todos los cofrades, con un cirio encendido. Se penalizaban las ausencias con una libra de cera. La cofradía se hacía cargo de los gastos de mortaja y seis cirios para el entierro de los pobres. Sólo los propietarios podían ser miembros de la cofradía. La cofradía de La Mola recaudaba fondos destinados a la redención de cristianos cautivos en tierras de moros, a razón de 8 sueldos por cofrade.

 

Redención de cautivos

El Prior ejercía funciones de conciliación en los conflictos entre cofrades. Quien no se avenía a la solución propuesta, era expulsado de la cofradía. Si alguno de los cofrades, o la viuda de alguno de ellos, llevaba vida deshonesta era amonestado por el Prior y, si no se enmendaba, se le expulsaba de la cofradía.

La Junta General se celebraba cada año en el día y hora fijados por el Prior. A la hora de empezar se encendía un cirio, todos los cofrades, que no habían llegado antes de agotarse el cirio, pagaban media libra de cera como sanción. Todos los miembros tenían derecho a intervenir de palabra en la asamblea, lo hacían de pie sin que nadie pudiera interrumpirles hasta que terminaban su exposición. El Prior ordenaba, por turno, las intervenciones.

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Entierro en una cofradía medieval

Se hacía una comida de hermandad el domingo después de la fiesta de San Bartolomé. Todos los asistentes pagaban, a escote, los gastos de la comida. Se invitaba a doce pobres, y los cofrades les servían la comida en una mesa especial para ellos.

Al disolverse la Cofradía de Santa María de la Mola en 1886 surgieron, en Monroyo y Peñarroya, agrupaciones de masoveros que, de manera informal, continuaron asistiendo a sus convecinos en la enfermedad y en la muerte, siguiendo las normas de la antigua cofradía. Esta práctica desapareció con el cierre de  masías en la posguerra.

Oficios medievales Oficios medievales

COFRADÍAS Y GREMIOS DE LAS CIUDADES

En las grandes y pequeñas ciudades, las cofradías fueron la base de desarrollo de los oficios artesanos. Su agrupación, por oficios, las convirtió en gremios cerrados que llegaron a monopolizar la enseñanza de los oficios, la producción y la comercialización artesana. Sus rígidas normativas filtraban el acceso a los oficios, regulaban las categorías profesionales y asignaban con criterio restrictivo los grados de maestro, oficial y aprendiz.

Taller de satrería

Taller de sastrería

En Alcañiz, antes de su disolución en 1834, existían veinticinco cofradías, de las cuales nueve agrupaban oficios artesanos:

Santa Ana, zurradores y zapateros.

San Pedro Martir, sastres y calceteros.

San Eloy, plateros y herreros.

San José, carpinteros.

Santo Domingo, pelaires.

Santa Teresa, alpargateros.

Santa Lucía, tejedores.

San Lamberto, labradores.

Santísimo Sacramento, colmeneros.

 

Y en Andorra

San Julián, clérigos y letrados.

A partir del Concilio de Trento (1563) la iglesia, aprovechando el tirón asociativo, favoreció la creación de nuevas cofradías de carácter estrictamente religioso. Con ellas pretendía fomentar la piedad y contrarrestar la influencia del protestantismo. Este tipo de cofradías proliferó de manera exuberante en el Bajo Aragón y dio origen a las actuales cofradías que tanto auge e importancia tienen  en las procesiones de Semana Santa, universalizadas por el toque de tambores y bombos.

Cofrades en procesión (actual)

 Cofrades en procesión (actual)

 

 

BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES

FOZ, Francisco. “Mis memorias. Andanzas de un veterinario rural (1818-1886)”. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2013.

LOMBARTE I ARRUFAT, Desideri. “Pena-roja: una vila de frontera”. Peñarroya de Tastavins (Teruel): Associació Cultural Tastavins, 1999.

PALLARÉS, Matías. “La Hermandad de la Muela en Monroyo y Peñarroya”. BHGBA Tortosa: Imprenta Querol, 1908.

TELLO HERNANDEZ, Esther. “Aportación al estudio de las cofradías medievales y sus devociones en el Reino de Aragón”. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2013.

http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/33/20/_ebook.pdf

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