CULTURA IBÉRICA Y ROMANA/HISTORIOGRAFIA

Estelas ibéricas del Bajo Aragón (I): Mas de Madalenes,Cretas (Teruel).

La historia de la primera estela ibérica hallada en el Bajo Aragón es un tránsito repetido entre el mundo de lo perdido y lo hallado. De ella llegó a hacerse un molde a finales del siglo XIX  con destino a Manila, en Filipinas.

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El Mas de Madalenes (hoy conocido como Mas de Paísa), Cretas Teruel.

¿Qué son las Estelas ibéricas del Bajo Aragón?

Desde su primera catalogación por Juan Cabré a principios del siglo pasado, las llamadas estelas ibéricas decoradas del Bajo Aragón (Cabré 1923, 629-641) presentan un conjunto bastante homogéneo de elementos pétreos con superficies grabadas o incisas cuyas coincidencias formales y de estilo parecen ser atribuibles al común universo simbólico de los habitantes de esa zona del actual Aragón.

Juan Cabré

Juan Cabré (Fototeca del Patrimonio Histórico nº 5986).

Como entonces y ahora, es evidente que no se trataba de un área aislada de su entorno. Siguiendo el planteamiento basado en la reordenación de las estelas del noreste hecha por los estudios de Ignasi Garcés y concretada en cuatro grupos culturales (Garcés 1996, 54) el primero de ellos (círculo del Bajo Aragón) incluye aquellas que presentan un tratamiento compositivo con predominio de las orlas decorativas. Éstas enmarcan los motivos centrales de inspiración bélica, mientras que la información epigráfica juega un papel muy secundario (Garcés 1996, 54). El segundo, situado al norte del Ebro incluiría los ejemplos de Fraga; el tercero con inscripciones sin decoración al sur del Ebro (Teruel y Comunidad Valenciana) y el cuarto desarrollado en los entornos concretos de Ampurias, Tarraco y Sagunto (Garcés 1996, 54).

Como marco espacial concreto afectaría al curso medio del río Martín; arroyo del Regallo; río Guadalope y río Matarraña. Su límite septentrional, queda marcado por el cauce del Ebro, donde se produce el tránsito hacia el segundo de los conjuntos con ejemplos más tardíos de clara influencia romana (Garcés 1996, 54) y otros, caso de la estela de Tona, cuya composición, temática y cronología propuestas coinciden con los más antiguos bajoaragoneses, aunque se diferencien claramente de estos últimos por el uso de la técnica del bajo relieve frente a la incisión (Garcés y Cebriá 2002, 227).

Convendremos igualmente que el marco cronológico admitido estaría entre el siglo III y I a.C.

Más compleja resulta la interpretación sobre su uso y función durante el periodo en el que fueron visibles y tuvieron algún sentido para quien las contemplaba. Una corriente de investigación mayoritaria las vincula al mundo funerario, como partes integrantes de su ceremonial o monumentalización. Pero hay que tener en cuenta que jamás sus hallazgos han mostrado explícitamente estas características. Así y como señala M. Pellicer, para subsanar la ignorancia sobre el ritual del enterramiento ibérico (Pleno y Tardío) en toda el área que señalamos se le ha atribuido tal papel a las estelas, aunque: “Su carácter funerario resulta improbable, puesto que ninguna de ellas se ha podido relacionar con ningún enterramiento” (Pellicer 2004: 107). Por otro lado, las interpretaciones hechas sobre los escasos restos epigráficos que asocian, retroalimentan ese bucle. Se ha asumido además, sin apenas dudar, que la dominante de su iconografía es pictográfica, minusvalorando la posibilidad mitográfica.

En nuestra opinión, todas ellas han aparecido en las inmediaciones de su posición original, cierto es que fragmentadas y reutilizadas en la mayoría de ocasiones, pero siempre junto o dentro de antiguos poblados ibéricos. Por ello defendemos que debían formar parte de elementos urbanos construidos por ahora no definidos, pero cargados de sentido como formas de expresión comunitaria (Melguizo 2011, 207).

Los primeros hallazgos:

Podemos rastrearlos asociados al desarrollo de la numismática y epigrafía decimonónicas. Así a mediados de ese siglo, Gustaf Daniel Lorichs (1785-1855) embajador de Suecia y Noruega en Madrid[1], recoge en su obra: Recherches numismatiques, concernant principalement les médailles celtibériennes (Lorichs 1852, 170) una “grande inscription lapidaire […] qui a été découverte, il n’y a pas longtemps” procedente de “la Fuente de la Roca o Fobet de vidiella” en Cretas (Teruel), lugar más tarde conocido como Mas de Madalenes o Magdelenes y en la actualidad como Mas de Paísa o Mas de la Font de la Roca.

Gustaf Daniel Lorichs

Gustaf Daniel Lorichs.

 

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E. Hübner, Hernández Sanahuja y P. Gayangos

Emil Hübner (1834-1901)[2] en su Monumenta Linguae Ibericae  de 1893 añadía el dibujo hecho por Buenaventura Hernández Sanahuja[3]  así como una referencia similar dada por Pascual Gayangos[4], con objeto de contrastar las diferencias que los separaban de la versión inicial del investigador sueco (Hübner 1893, 151-152).

Fidel Fita[5] en 1894 dedicaría también un amplio análisis al mismo monumento (Fita, 1894, 170-173).

Fidel Fita

Fidel Fita.

Por otro lado y aunque no ha quedado prueba material del hecho, algunos años antes (según la mención de Nicolás Sancho[6]), Pío Cañizar[7] hacia 1790 encontró “una lápida muy deteriorada, y en ella algunos caracteres que no pudo sacar ni leer” (Sancho 1860, 362-363) en el yacimiento alcañizano de La Caraza de Vallerías, posiblemente (aunque con razonables dudas y asuminedo que esos signos fueran ibéricos) podría destronar al ejemplar de Cretas como el primer descubrimiento de una estela atribuible a este conjunto, pero desde entonces y hasta hoy sigue desaparecida.

La estela con un recorrido singular como el Guadiana:

Las anteriores referencias indican que nos encontramos ante el hallazgo documentado más antiguo de todo el conjunto de estelas bajoaragonesas.

Lorichs apuntaba que su descubrimiento se produjo pocos años antes de mediados de ese siglo XIX[8] “au sommet d’une montagne, où se trouve un antique château ruiné et quelques autres objets d’une époque reculée, particulièrement en poterie, dans la banlieue de la ville de Cretas, et à peu de distance de Monroyo, en Aragon. Le site exact de ces trouvailles s’appelle “la Fuente de la Roca” ou “Fobet de vidiella”. […] ce monument existe actuellement à Cretas, chez don Victoriano Camps, propiétaire du terrain où il a été trouvé, et qui l’estime trop, avec raison pour vouloir s’en défaire.” (Lorichs 1852, 170). En una nota, añadía que ofreció al dueño la posibilidad de costear de su bolsillo el traslado del elemento de interés a Madrid, aunque evidentemente debió recibir una negativa.

Sobre el dintel de la puerta de Mas de Madelenes se conserva la fecha 1845

Sobre el dintel de la puerta de Mas de Madelenes se conserva la fecha 1845

Años después, Hübner vuelve a situar su descubrimiento cerca de la Fuente de la Roca o (con una ligera variante respecto a Fobet) Folet de Vidiella. Entonces su propietario era ya (suponemos) el hijo de Victoriano: Mariano Camps (Hubner, 1893, 151).

A partir del testimonio de Fita sabemos que en torno a 1879 seguía en la fachada del lugar, pero que en 1894 había desaparecido (Fita 1894, 271). El previsor religioso había obtenido un molde de yeso que le podía haber ayudado a dilucidar las diferentes versiones existentes sobre la inscripción ibérica de la estela: la de Lorichs frente al dibujo de Hernández Sanahuja, junto con el testimonio de Pascual Gayangos.  Desgraciadamente no pudo contar con él  durante la redacción de su trabajo y zanjar el asunto. Antes de la ausencia de la estela, había enviado a Manila el calco al numismático y políglota Jacobo Zóbel Zangroniz para su estudio, “quien supongo lo conservará en Manila” (Fita 1894, 271) y quién sabe si aún sigue allí. Por ello el jesuita volvió a pedir al párroco de Cretas, José Omellas, una nueva copia. A partir de ese momento supo que “no ha tenido la preciosa lápida buena fortuna. Ya no permanece en la fachada de la masía del Folet de Vidiella; pero la buscará el Sr. Omellas, pues no cree que esté perdida; y en demanda de otras explorará los alrededores de la Fuente de la Roca.” (Fita 1894, 271).

Más suerte tendría Juan Cabré. Toma contacto directo con ella en la vivienda de la familia de Mariano Camps de Cretas durante los inicios del siglo pasado (Cabré 1908, 228-229). En sus trabajos añade que la identificación del lugar Folet de Vidiella corresponde estrictamente con el “Mas de Madalenes” en la partida de la Fuente de la Roca (Cabré 1908, 228) o “Mas de Magdalenes” (Cabré 1923, 631) situado “a uns quatre quilòmetres de Cretes, en direcció Sud”. Este dato parece una confusión, pues realmente se encuentra al noreste de Cretas a unos 2,5 km. tal como ya mostraba el mapa publicado por P. Bosch (1915, fig. 37, 820).

En las inmediaciones de la edificación moderna rural existen dos yacimientos arqueológicos en los que el investigador bajoaragonés planteaba situar el origen del monumento:

– Un pequeño relieve homónimo inmediato al sur donde se sabía de un asentamiento ibérico. En el lugar habían realizado sondeos -o como dice Cabré, tanteos- Julio Furgús en agosto de 1907 y el propietario del terreno Mariano Camps en fecha indeterminada. El primero descubrió un interesante pondus decorado con “un gallardo ginete [sic] ibérico de líneas muy correctas hechas a punzón” (Furgús, 1909, 96). El segundo halló cerámicas y utensilios de hierro (Cabré, 1908, 229).

El poblado se sitúa sobre el extremo occidental de una elevación rematada por estratos de arenisca. Como ya señalara Cabré existe al este un foso de unos  8,5 m. de ancho excavado en la roca que aísla el conjunto con estructuras de vivienda. Éstas parecen distribuirse sobre la cima en torno a una calle central, además de localizarse otras sobre las laderas (Martínez-Bea 2009, 44-45). En cuanto a su cronología, se ha considerado su existencia desde el periodo Ibérico Pleno hasta el Ibérico tardío (Sanmartí, 1975, 112; Mazo et alii 1987, 102; Atrian el alii 1980, 150)

-Un segundo enclave situado a medio kilómetro del anterior hacia el noroeste conocido como Fuente de la Roca. Aparte de estos sucintos datos, nada más se ha sabido de él en posteriores investigaciones arqueológicas, aunque seguramente allí debería seguir.

Dada la opinión de Cabré que hacía de estos elementos ser parte constitutiva de una necrópolis, se decantó un poco más por el segundo lugar, atribuyéndole así un mayor carácter funerario al localizar en él cerámicas pintadas y otras piedras “en forma d’estela” (Cabré, 1915-1920, 631).

Yacimiento arqueológico ibérico de Mas de Madelenes.

Yacimiento arqueológico ibérico de Mas de Madelenes.

Reencuentro con la estela perdida. Fotografía de Juan Cabré Fototeca del Patrimonio Histórico nº 1249).

Reencuentro con la estela perdida. Fotografía de Juan Cabré Fototeca del Patrimonio Histórico nº 1249).

 

No será hasta 1979 cuando volvamos a tener noticias. Purificación Atrián, “en una prospección realizada al Mas de Madalenes” (Atrián 1979, 158) la vuelve a encontrar para ser depositada en Museo de Teruel donde hoy permanece y parece lógico pensar que seguía en la casa de Cretas de la familia Camps.

Perspectivas sobre una misma piedra con diferentes calcos:

Tras copias y recopias, pérdidas y reencuentros, los simples datos sobre las proporciones del elemento fluctuaron notablemente.

Fita le atribuía 1,30 x  0,65 m. (Fita, 1894, 271), lógico error al no disponer del original y sólo contar con los datos publicados por Lorichs y Hübner: tabula lapidea longa palmos 3 (Hübner, 1893, 151).

La estela será recopilada en las obras de Fernández Fuster (1951, nº 4, 64-66) y en la de Marco (1978, Teruel nº 4, 205) manteniendo las medidas de altura y anchura dadas por Cabré (1915-1920, 631). Por fin se completarán por Atrián (1979, 172) con el grosor, así resultarían: 0,41 x 0,60 x 0,20 metros. Hay que tener en cuenta que existen ligeras diferencias con los datos actualmente reflejados en en la ficha correspondiente de la Red Digital de Colecciones de Museos de España (http://ceres.mcu.es/pages/SimpleSearch?index=true): Altura = 42 cm; Longitud = 60 cm; Anchura = 17 cm.

Por lo que respecta a los motivos y el texto ibérico superior, Lorichs (ajustándose a los conocimientos epigráficos de su época) lo consideró rótulo de un taller monetal celtibérico de la Citerior “le tout, comme on voit, en caractères angulaires” e interpretó:

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10-inscripcion-lorich MAMMIANUS FAXO

Suponía que la leyenda se encontraba en latín y que aparecía el nombre del funcionario romano encargado de unas supuestas acuñaciones (Lorichs, 1852, 171 y 185).

El calco de Hernández Sanahuja publicado por Hübner no tuvo en cuenta algunos de los detalles al completo, así el fragmento de arco inferior grabado se muestra como una simple línea sinuosa sin rastro de las internas que lo complementan. Tampoco los motivos de zigzag correspondían con su forma real (Hübner, 1893, XVIII, 151). La diferencia de tamaños entre las puntas de arma llevó incluso a identificar dos tipos: hastarum trium et iaculorum duorum, tres lanzas y dos venablos (Hübner 1893, 152) (Fita 1894, 271).

Hübner, partiendo del dibujo con el que contaba y en el que se mezclaban los trazos de los caracteres con los de la lanza mayor, planteó la siguiente lectura:

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 12-inscripcion-estela-hubnercalusceldr (Hübner, 1893, 152).

La observación actual en el Museo de Teruel nos muestra el fragmento superior partido con escoplo o pico (por su actual base) de una estela de arenisca de forma ortoédrica que conserva en relativo buen estado tres de sus límites perimetrales planos originales: el superior, el derecho y el izquierdo, aunque éste aparece cubierto con huellas de repiqueteado que no constatamos en los anteriores. También en buena parte las superficies frontal y posterior corresponderían con su aspecto original, lo que permite considerar bastante cercanas a la realidad las proporciones de anchura y grosor.

La esquina superior izquierda fue chaflanada a golpes. Sobre la cara frontal se observan además nueve impactos en línea realizados con el objetivo inconcluso de volver a trocear la piedra. Pensamos que está claro que todo ello responde a su reutilización y adecuación para una obra posterior, que puede coincidir o no con la de la vivienda rural de mediados del siglo XIX, aunque sería bastante razonable pensarlo.

Su frontal cuenta con una decoración incompleta:

A modo de orla delimitadora de su perímetro encontramos dos líneas paralelas entre las cuales se distribuyen otras en zigzag como relleno. Las diagonales del teórico rectángulo así indicado repiten el motivo del marco. Poco antes de su intersección se interrumpen por la presencia de un arco que encierra seis trazos unidos dos a dos por el vértice, y que pudieran formar parte de una teórica circunferencia central.

Los espacios triangulares a derecha e izquierda de las diagonales se rellenan con el grabado de dos puntas de lanza. El sector central cuenta con tres, manteniendo así cierta simetría, siendo la de en medio de mayor tamaño. Su extremo distal parece pautar la separación de una inscripción ibérica, cuya transcripción correspondiente según el profesor Francisco Marco sería:

Fotografía Museo de Teruel.

Fotografía Museo de Teruel.

14-inscripcion-estela-iberCa.l.u.n.s.ce.l.da.r. (Marco, 1978, 205).

Como ya hemos apuntado sería Juan Cabré quien realice un dibujo y fotografías adecuadas. El calco más acertado es el que publica en el Anuari (Cabré 1923, fig. 439,  631), siendo inexacto el mostrado en el Boletín (Cabré 1908, lám. V, 235). Propuso además una atrevida reconstrucción ideal a partir del esquema decorativo de la estela, completándolo y asimilándolo al de la muy cercana procedente del Tossal de les Forques (Cabré 1923, 632).

Propuesta de reconstrucción de Juan Cabré.

Propuesta de reconstrucción de Juan Cabré.

Antes, sin estos datos, Fita supuso que debía existir una franja horizontal hacia la mitad del campo, conformando así una estrella de seis rayos. Se establecía una semejanza de símbolos con la de El Pilaret de Santa Quiteria (Fraga, Huesca), e igualmente a ella, debería contar con un texto en el cuadro inferior (Fita, 1894, 272). Como vemos, la intuición del religioso era tan audaz o incluso más que la de Cabré.

Por último y sobre este lugar deberemos reseñar la noticia publicada por Francisca Pallarés sobre la presencia en 1957 “de un fragmento de estela o inscripción ibérica cementada en la pared de uno de los corrales de la masía” aunque como ella misma apunta “la dificultad de la lectura no nos ha permitido publicarla como hubiéramos querido” (Pallarés 1965, 30).

Desde entonces no ha habido ninguna otra noticia sobre ella.

Salvador Melguizo.

Bibliografía y Notas:

Abascal, J. 2004: “Fidel Fita” Zona Arqueológica, 3, 299-306.

Atrián, P. 1979: “El yacimiento de Torre Gachero (Valderrobres) y las Estelas Ibéricas del Museo de Teruel”, Teruel, nº 61-62, 157-190.

Atrián, P.; Escriche J., C.; Vicente, J. y Herce, A. I. 1980: Carta Arqueológica de España, Teruel, Teruel, Instituto de Estudios Turolenses

Benavente, J.A. 2005: “Los investigadores locales y los inicios de la arqueología ibérica en el Bajo Aragón”, 47-57, en A.A.V.V., Pioneros de la Arqueología Ibérica en el Bajo Aragón (Catálogo), Alcañiz.

Blech, M. 2002: “Las aportaciones de los arqueólogos alemanes a la arqueología española” en A.A.V.V., Historiografía de la Arqueología española, Museo de San Isidro, 83-117.

Bosch, P. 1915: “Campanya arqueológica de L’Institut d’Estudis Catalans al limit de Catalunya i Aragó (Caseres, Calaceit i Maçalió)”, Anuari de L’Institut d’Estudis Catalans, V, 819-838.

Cabré, J. 1908: “Hallazgos arqueológicos”, Boletín de Historia y Geografía del Bajo-Aragón, septiembre y octubre 1908, 214-244.

Cabré, J. 1909-1910: Catálogo artístico-monumental de la provincia de Teruel [Manuscrito], I. Fondos digitalizados del CSIC.

Cabré, J. 1923: “Esteles ibèriques ornamentades del Baix Aragó”, Anuari de L’Institut d’Estudis Catalans, VI, 629-641.

Fernández Fuster, L. 1951: “Las estelas ibéricas del Bajo Aragón”, Seminario de Arte Aragonés, III, 61-76.

Fita, F. 1894: “Fraga.- Inscripciones romanas e ibéricas”, Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo XXV, 257-304.

Furgús, J. 1909: “Antigüedades ibéricas en Aragón”, Boletín de Historia y Geografía del Bajo-Aragón. , marzo y abril de 1909, 91-97.

Garcés, I. 1996: “La estela ibérica de El Pilaret de Santa Quitèria (Fraga, Huesca). Una revisión a los cien años de su descubrimiento”. Kalathos  nº15, 35-55.

Garcés, I. y Cebriá, A. 2002: “L’Estela ibèrica de Tona (Osona)” Pyrenae 33-34, 211-232.

Latassa, F. 1884-1886: Bibliotecas antigua y nueva de escritores aragoneses de Latassa aumentadas y refundidas en forma de diccionario bibliográfico-biográfico por Miguel López Uriel, Zaragoza.

Hübner, E. 1893: Monumenta Linguae Ibericae, Berlín.

Lorichs, G. D. 1852: Recherches numismatiques, concernant principalement les médailles celtibériennes. Paris.

Maier, J. 1999: “El plomo de Castellón: el primer documento epigráfico ibérico hallado en la Península” en Blánquez Pérez, J. / L. Roldán Gómez, eds.: La cultura ibérica a través de la fotografía de principios de siglo. Las colecciones madrileñas. Madrid.

Martínez-Bea, M. 2009: Delimitación de yacimientos arqueológicos en el término municipal de Cretas (Teruel), Expediente Dirección General de Patrimonio Cultural (Diputación General de Aragón) 394/2009, Inédito.

Massó, J. 1992: “Bonaventura  Hernández Sanahuja i l’arqueologia urbà de Tarragona”, en A.A.V.V. Un home per a la Història. Homenatge a Bonaventura Hernández Sanahuja, Tarragona 1992, 40-55.

Mazo, C.; Montes, L.; Rodanés, J.M. y Utrilla, P. 1987: Guía arqueológica del valle del Matarraña. Diputación General de Aragón. Zaragoza.

Melguizo, S. 2011: “Palermo I (Caspe, Zaragoza). Estilos regionales defensivos entre los siglos III y I a.C.: paralelos con San Antonio de Calaceite”, Revista d’Arqueología de Ponent, 21, 199-210.

Pallarés, F. 1965: El poblado ibérico de San Antonio de Calaceite, Instituto Internacional de Estudios Ligures, Colección de Monografías Prehistóricas y Arqueológicas, V, Bordighera-Barcelona.

Pellicer, M. 2004: Panorama histórico-arqueológico de Caspe en el Bajo Aragón. Colección Historias Municipales, 2, Zaragoza.

Quinto, J.P. 2004: Relación General de Señores Académicos de la Real de Nobles y Bellas Artes de San Luis de Zaragoza, Zaragoza.

Sancho, N. 1860: Descripción hitórica, artística, detallada y circunstanciada de la ciudad de Alcañiz y sus afueras, Alcañiz.

Sanmartí Grego, E. 1975: “Las cerámicas finas de importación de los poblados prerromanos del Bajo Aragón (Comarca del Matarranya). Cuadernos de Prehistoria Castellonense, 2, 87- 127.


[1]Miembro de la Academia Española de Arqueología (también denominada Academia de Arqueología y Geografía del Príncipe Alfonso). En su estudio, además del ejemplo bajoaragonés, publicó el plomo castellonense de Pujol de Gasset, primer hallazgo (1851) de un documento epigráfico ibérico sobre este material en la Península Ibérica (Maier, 1999).

[2] Colaborador de Theodor Mommsen, profesor de la Universidad de Berlín y miembro de su Academia de Ciencias. Durante la estancia en España y Portugal (1860-1861) para la elaboración de los Corpus Inscriptionum Latinarum, Inscripciones Hispaniae Christianae, y el que aquí reseñamos, entabló amistad con un importante conjunto de personas que le ayudarían en su ingente tarea. Entre ellas muchos de los académicos de la Real de la Historia (Blech, 2002, 90).

[3] Académico de la Real de la Historia, responsable del Museo Arqueológico de Tarragona e Inspector de antigüedades de Cataluña y Valencia, a mediados del siglo XIX entra en contacto con Emil Hübner. A la par, el hecho supone un afianzamiento de sus investigaciones arqueológicas centradas en la ciudad mediterránea, y permitirá la colaboración encaminada a la recopilación de inscripciones para sus Corpus (Massó, 1992, 50).

[4] Pascual Gayangos y Arce (1809-1897), académico de la Real de la Historia, catedrático de árabe de la Universidad de Madrid.

[5] Fidel Fita (1835-1918) fue, entre otras actividades, un epigrafista con especial dedicación a las inscripciones latinas y prerromanas. Su obra al respecto es inmensa y comprende las de la mayoría de las provincias españolas. Fue Director de la Real Academia de la Historia y de su Boletín, constituyéndose en pieza clave junto con Aureliano Fernández-Guerra para la culminación de los trabajos de Hübner (Abascal, 2004).

[6] Natural de Alcañiz (1801-1883). En 1860 publicó su Descripcion histórica y artistica de la ciudad de Alcañiz, en la que verían la luz algunas de las noticias de carácter arqueológico como la referida. Este trabajo le permitiría el acceso como correspondiente a la Real Academia de la Historia. Entre muchas otras tareas, participó activamente en el desarrollo de las vías de comunicación de su tierra, así como en el frustrado proyecto para la creación de una provincia en el Bajo Aragón (Latassa 1884-86, 138; Benavente, 2005, 51).

[7] Francisco Antonio Cañizar y Juan (1748-1808) nació en Mazaleón. Profesó en la orden escolapia. Académico de la Real de la Historia, de la de San Luis de Zaragoza y cronista de la misma ciudad (De Quinto, 2004, 110). Entre otras poblaciones aragonesas, fue profesor y Retor del Colegio de Alcañiz (Latassa 1884-86, 284), lo que le permitió realizar algunas excursiones como la detallada,  y comunicar así sus hallazgos a Nicolás Sancho.

[8] Como dato meramente orientativo, en el dintel de la puerta principal del Mas de Madalenes figura grabada la fecha de 1845, lo que hace pensar en el momento de su finalización. En ese año o muy pocos antes, pudo ser encontrada la estela para ser reutilizada en la obra. En las paredes de la vivienda rural y en las eras aledañas siguen a la vista los materiales arqueológicos reacondicionados como adobes e incluso parte de una pila de piedra.

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