EDAD MEDIA

La Orden de Calatrava (3). ¿Quién mató al comendador?

La pugna del pueblo bajoaragonés contra el poder calatravo no tuvo consecuencias tan graves como las del drama de Lope de Vega. En 1283 Alcañiz no fue Fuenteovejuna y el comendador salió con vida, aunque algunos de sus freyles la perdieron en el motín. No hubo muerte física del comendador pero el continuo desgaste de su autoridad, por la resistencia popular, acabó con el enorme poder de la Orden.

Los freyles y la sociedad civil

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Pinturas del castillo de Alcañiz

Una vez cubiertos los objetivos territoriales del reino de Aragón, con la conquista total de Mallorca (1231) y el reino de Valencia (1245), los calatravos de Alcañiz se convirtieron pronto en un anacronismo molesto.

Los calatravos habían cumplido una función determinante en la conquista y repoblación del territorio bajoaragonés. El Bajo Aragón había sido la plataforma imprescindible para el asalto definitivo contra los moros de Valencia. El concejo de Alcañiz no fue capaz de repoblar y fortificar el territorio que las donaciones reales le habían asignado. No podía garantizar, siquiera, la seguridad de la propia villa. Ante esta inoperancia, el rey se había visto en la necesidad de recurrir a los freyles que fueron, durante más de cien años, la garantía cristiana frente a la amenaza sarracena. Pero, cumplido el objetivo, éstos ya sobraban.

Los calatravos siempre fueron un cuerpo extraño para la sociedad civil del Bajo Aragón. Se les aceptó de mala gana, mientras fueron útiles a la causa de la reconquista, pero siempre fueron una “china” en el zapato de las instituciones eclesiásticas y civiles.

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Freyle calatravo

Los freyles, vinculados directamente con el papado romano, interferían la autoridad eclesiástica del Arzobispo de Zaragoza. Además, por su voto de obediencia, estaban sometidos a la disciplina del maestre de Calatrava, con sede en Castilla. La desconfianza, sobre su fidelidad al rey de Aragón, se hacía patente siempre que surgían intereses en disputa entre ambos reinos. Por otra parte, el concejo y universidad (los notables y todos los habitantes) de Alcañiz veían limitadas sus competencias, por la interposición del poder feudal calatravo entre el rey y el concejo.

Las nuevas villas, creadas por la Orden, segregadas del término de Alcañiz (Monroyo, La Fresneda, Calaceite, Molinos, Calanda…) con menos poderío, no tenían capacidad para enfrentarse en solitario a la autoridad de los comendadores. Los privilegios otorgados a unas villas, y negados a otras, fomentaron las disputas entre ellas. También hubo disputas de las nuevas villas y de las aldeas de Alcañiz con el poderoso concejo alcañizano, pero en momentos decisivos apoyaron su lucha contra el poder de la Orden.

El complejo sistema impositivo y los monopolios

El entramado tributario medieval era un auténtico galimatías. El poder político estaba ligado a la propiedad de la tierra y los vasallos, vinculados a ella, estaban obligados a pagar por cualquier actividad que realizasen en el territorio del señorío feudal (en este caso los comendadores calatravos). Los agricultores llevaban al castillo sacos de grano, toneles de vino, tinajas de aceite, gallinas, cerdos, ovejas. Y si no lo hacían a su debido tiempo y voluntariamente, las huestes calatravas se encargaban de requisarles sus productos a la fuerza.

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El oficio de carnicero en las pinturas del castillo de Alcañiz.

Dedicarse al comercio o a la industria y ejercer un oficio eran tareas que pertenecían al señorío feudal, por lo que era necesario su permiso o su licencia para poder realizar allí cualquier actividad. Este permiso o licencia suponía el pago de un arriendo o la compra de su concesión. Se trataba de las regalías basadas en las prerrogativas de la Corona respecto de sus súbditos, cedidas total o parcialmente al señorío feudal.

A los impuestos de la Corona y del señor feudal se añadían los tributos eclesiásticos (diezmos y primicias) que se utilizaban para la construcción y mantenimiento de iglesias y santuarios y se repartían, en concepto de rentas, entre el clero de distinta jerarquía.

Los vasallos, además de pagar, estaban obligados a la prestación personal de numerosos servicios. Tenían que combatir al lado de su señor en las frecuentes guerras con belicosos vecinos, y contra los moros.  Estaban obligados a realizar prestaciones gratuitas de trabajo para el mantenimiento de caminos,  reparación de castillos y cultivo de las tierras del señor. Pagaban tributos de peaje por el trasiego de mercancías en territorio señorial, y rentas de todo tipo. Cuando el rey o el señor pernoctaban en una villa, los vasallos estaban obligados a proveerle de comidas para él y su séquito ya entregar el pienso para sus caballerías. Era el conocido impuesto de las cenas.

Además de pagar y prestar servicios personales, estaban obligados a pagar tasas por el uso de los bienes y servicios reservados y monopolizados por los señores: minas de sal, molinos, hornos, fraguas, leñas, pastos, abrevaderos, ríos, caza y pesca.

Feria medieval

Feria medieval

Y para rematar, cuando el Rey tenía gastos especiales: campañas de guerra, casamiento y dotación de hijas, reuniones de las Cortes, etc. se hacían exacciones especiales para la ocasión.

El producto de lo recaudado se repartía, total o parcialmente, entre los distintos poderes (Rey, señores feudales, concejos locales y jerarquías eclesiásticas). El derecho a cobrar las rentas se cedía, se compraba o se vendía entre los propios señores y sus recaudadores, pero quien lo pagaba todo siempre eran los vasallos productores.

Para incentivar o premiar actuaciones, puntualmente necesarias, se concedían, a perpetuidad, privilegios y exenciones de impuestos. Cuando había pasado la necesidad que los había generado, los privilegios y las exenciones seguían vigentes, creando situaciones de desigualdad e injusticia, que provocaban malestar entre los súbditos desfavorecidos.

Usureros y cambistas

Usureros y cambistas

Bien mirado, y cambiando formas y escenarios, el sistema impositivo no era muy diferente del  actual. Ahora pagamos más que diezmos en la renta. Pagamos IVA sobre todo lo que consumimos además de los impuestos especiales sobre carburantes, tabaco y bebidas. Pagamos peajes, tasas por los servicios públicos y aranceles aduaneros por las importaciones. Pagamos IBI sobre los inmuebles que poseemos e impuestos de Transmisiones y Sucesiones cuando las fincas cambian de propietario.

Monedas de Jaime II

Monedas de Jaime II

Hay privilegio en las exenciones de los impuestos, que disfrutan las actuales autoridades y entidades detentadoras de poder (Rey, gobierno, parlamentarios, concejales, partidos, sindicatos, Iglesia etc.) Muchas de esas autoridades gozan de inmunidad ante la justicia. Por otra parte, también hay privilegios y preferencias en el reparto de subvenciones, que se distribuyen de manera aleatoria, según la presión que son capaces generar y su cercanía o lejanía del poder que las distribuye.

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Revuelta popular en la Edad Media

Es cierto que, con el pago de los impuestos, nos liberamos de efectuar prestaciones personales como el servicio militar o el jornal de villa, obligaciones suprimidas no hace muchos años. Obligaciones que los más viejos hemos conocido y soportado todavía. Financiamos también las cenas de nuestros políticos, que tiran de tarjeta de crédito oficial en sus francachelas. Y, de manera encubierta, viajes y bodas reales. Pero este no es el tema, sólo era un inciso comparativo. Habrá que seguir con la historia.  

Motín medieval

Motín medieval

En estas circunstancias no era extraño que se produjesen motines de rebeldía y estallidos de violencia. El más grave se produjo en Alcañiz en 1283.

El motín de Alcañiz de 1283

Alejado el peligro sarraceno y finalizada la reconquista aragonesa, la villa de Alcañiz alcanzó un cierto grado de estabilidad y madurez. El aumento de población hizo nacer el barrio de los Almudines. Se amplió el recinto amurallado. Aumentó la producción en sus términos, aldeas y villas vecinas que, prácticamente, habían completado la roturación de todas las tierras aprovechables. Al disminuir la frecuencia de los servicios de armas, los bajo-aragoneses pudieron dedicar más tiempo y atención al trabajo productivo. Floreció el comercio de lanas, seda, aceite y azafrán y el activo núcleo judío, asentado en la villa, manejó las finanzas con su característica habilidad.

Torreones de la muralla de Alcañiz

Torreones de la muralla de Alcañiz

Labores en la Edad Media

Labores en la Edad Media

Esta sociedad civil pujante permitió la consolidación de los dirigentes de la villa agrupados en el concejo. Los acuerdos de 1264 y 1277 con la Orden consiguieron para el concejo nuevas competencias: concesión de terrenos, elección directa de los jurados y autonomía financiera. El comendador mayor D. Rodrigo Pérez Ponce intentó, contra lo pactado, reducir algunas de estas concesiones. Eran tiempos revueltos, había tensión entre los distintos estamentos sociales, y de éstos con el rey, en todo Aragón. Una chispa de rebelión saltó en Alcañiz. El pueblo se alzó contra el poder de los calatravos en marzo de 1283. Los alcañizanos pusieron cerco al castillo donde se habían refugiado los freyles y sus secuaces. Los sublevados impidieron el aprovisionamiento de agua, alimentos y armas para el castillo, y dificultaron la entrada del propio comendador en la fortaleza. Una vez dentro, lo sitiaron y atacaron a sus defensores lanzando piedras y flechas contra los sitiados. En el asalto los hombres de Alcañiz, apoyados por gente de sus aldeas y villas colindantes, hirieron gravemente y mataron a algunos de los defensores del castillo, varios freyles incluidos.

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El castillo de Alcañiz en un grabado del siglo XIX

El asedio y la revuelta duró más de siete meses. Por orden del rey, intervino, sin mucha convicción, el Justicia Mayor de Aragón. Había que salvar el principio de autoridad. Los responsables del motín ni siquiera se dignaron asistir al juicio. Fueron condenados por el Justicia  a entregar la mitad de sus bienes a la Orden para resarcirle de los daños causados, pero la pena no se cumplió. También fueron juzgados y sancionados los pueblos vecinos que habían colaborado en el asedio.

Al año siguiente se llegó a un arreglo entre el concejo de Alcañiz y la Orden. El concejo pagó una fuerte suma a los calatravos, con carácter de multa. Pero su cuantía no se acercó, ni de lejos, a la mitad de las propiedades de los alcañizanos, estipulada en la sentencia del Justicia de Aragón.

Sede del Concejo de Alcañiz

Sede del Concejo de Alcañiz. Foto J.L. Mieza

La muerte política del comendador

El pulso entre Alcañiz y los calatravos no quedó decidido en el motín de 1283. Se sucedieron disputas continuas entre vasallos y freyles. Las nuevas demandas de los sucesivos comendadores fueron rechazadas sistemáticamente por el concejo alcañizano y los reyes fueron despojando a los calatravos de sus prerrogativas.

Jaime II

Jaime II

Por su parte los reyes, deseosos de recortar los privilegios de la nobleza y de la Órdenes Militares, se convirtieron temporalmente en aliados de los concejos. Tendencia que conduciría, siglos más tarde, al absolutismo monárquico. Esta alianza de rey y pueblo cristalizó en el Bajo Aragón en el mandato de Jaime II, quien en 1321 ordenaba a las milicias del concejo de Alcañiz que cercasen otra vez el castillo y venciesen la resistencia del comendador. Se había producido el asesinato de un juez real y los calatravos se negaban a dar explicaciones de lo sucedido.

Alfonso V, el Magnánimo

Alfonso V, el Magnánimo

En 1438 Alfonso V el Magnánimo decretaba la incorporación perpetua de Alcañiz al Patrimonio Real, concediendo derecho a sus habitantes para resistir, hasta la muerte, contra quien pretendiese su dominio, tuviera o no mandato soberano. El poder de los freyles quedaba supeditado al rey y al concejo.

Era el principio del fin del poder de la Orden en el Bajo Aragón. Los comendadores continuaron disfrutando de las rentas de sus posesiones, pero su omnímodo poder político quedó herido de muerte. Rey y concejo seguirían aumentando su poder en detrimento de la Orden, cuyo declive culminó con la pérdida de su autonomía.

Inocencio VIII

Inocencio VIII

En 1488 el Papa Inocencio VIII convertía a los Reyes Católicos en Administradores de la Orden, con cuyo cargo, los reyes pudieron intervenir, desde entonces, en todos los asuntos internos de la organización de los freyles.

Con las desamortizaciones del siglo XIX, perdieron todas sus propiedades. El poder militar ya lo habían perdido, al desaparecer el antiguo régimen e implantarse el estado moderno, por la Constitución de Cádiz de 1812. La sociedad civil se había liberado definitivamente del poder político y económico de las Órdenes Militares.

BIBLIOGRAFÍA

LALIENA, Carlos. Sistema Social, estructura agraria y organización del poder en el Bajo Aragón en la Edad Media (Siglos XII-XV). Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, 1987.

TABOADA CABAÑERO, Eduardo Jesús. Mesa Revuelta – Apuntes de Alcañiz. Zaragoza: Establecimiento tipográfico de la derecha, 1898.

VIDIELLA, Santiago. Desarrollo del Municipio de Alcañiz después de la Reconquista. BHGBA Zaragoza: Mariano Escar, Tipógrafo, 1907.

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