EDAD MEDIA

El Cid Campeador en Monroyo (Teruel): datos para identificar el escenario de la batalla de Tévar

Aunque hay localidades como Morella y El Poyo del Cid que reivindican como escenario de la famosa batalla de Tévar parajes de sus términos municipales, existen documentos y variadas razones, que presentamos en este post, para concluir que la conocida batalla glosada en el “Cantar del Mío Cid””  tuvo lugar en al año 1090, en el termino de Monroyo (Teruel) y, más concretamente, en la ladera de la Sierra de la Molinera.

LA LEYENDA Y LA HISTORIA

El Cantar de mio Cid, obra cumbre de la épica castellana, dedica 130 de sus versos a la batalla que enfrentó al Cid Campeador con el Conde de Barcelona Berenguer Ramón II, conocido como el Fratricida. El poema sitúa la acción en el pinar de Tévar. El héroe castellano, a pesar de quedar herido por una caída de su caballo, consiguió ganar la batalla. Apresó al conde y a varios de sus caballeros y obtuvo un fabuloso botín en monedas de oro, caballerías, ropas, vajillas y armas. El trofeo principal fue una espada, conocida con el nombre de Colada.

Colada, espada del Cid ganada en Tévar

Colada, espada del Cid ganada en la batalla de Tévar

Esta leyenda se basa en hechos históricos, recogidos en varios textos medievales. Entre ellos, se encuentra la Gesta Roderici Campidocti, escrita en latín del siglo XII por un autor desconocido, probablemente de la escuela Riojana, que pudo acompañar al Cid en sus correrías. En la Estoria de España (obra del siglo XIII, patrocinada por Alfonso X el Sabio) y en la Crónica de Castilla (obra escrita hacia 1300, perteneciente a las llamadas Crónicas Alfonsíes) se narran los hechos relacionados con la vida y las hazañas del Cid. En ambos textos aparece el episodio de la batalla de Tévar. Estas crónicas antiguas han sido ampliamente estudiadas por muchos historiadores modernos. Destaco, para simplificar, La España del Cid, de Ramón Menéndez Pidal, así como la edición del Cantar de mio Cid que llevó a cabo Alberto Montaner Frutos.

Manuscrito de la Gesta Roderici

Manuscrito de la Gesta Roderici

  

EL LUGAR

Se ha especulado mucho acerca el lugar donde se desarrollaron los acontecimientos, debido a que el propio cantar y las crónicas hablan únicamente del pinar de Tévar, sin dar pistas sobre su localización geográfica. Además, no se ha descubierto ningún topónimo actual que se ajuste a esa denominación.

Conozco tres documentos en los que se mencionan el puerto y el pinar de Tévar:

  1. Emitido en Zaragoza, en el año 1185, por Alfonso II el Casto. Haciendo una donación del castillo de Camerón a la Iglesia de Tarragona, el rey fija los límites del territorio del castillo con los términos de Monroyo y Fuentespalda: dono el castillo de Monroyo con todas sus pertenencias, es decir, con Peñarroya, Torre de Arcas, el castillo de Herbés, los prados de Avinadaza, el valle de Bójar y de Fredes como se entiende por todo el lugar hasta el puerto de María. Doy también Camerón con todas sus pertenencias hasta el puerto de Tévar, y hasta el puerto de Mezquín, y hasta el término de Fuentespalda.
Mapa 1

Localización del pinar de Tévar en las inmediaciones de Monroyo (Teruel)

  1. Emitido en Gerona, en 1197, por su hijo Pedro II el Católico. Haciendo una donación del castillo de Monroyo a la canonjía de la misma Iglesia de Tarragona, el rey establece una nueva división de términos y añade a Monroyo los actuales términos de Ráfales, Belmonte y Fórnoles, asignados anteriormente a Camerón: Dono también, a la canonjía de la misma Iglesia, el Pinar de Tévar –Pinaris de Thevara– hasta el Puerto de Tévar –Porto de Thevaro– y doy también, cerca del mismo, un molino para moler –molinarum ad facienda molendina– que está en el lugar donde el río, de nombre Tastavins, mezcla las aguas con el de Monroyo.
Mapa 2

Ubicación del pinar de Tévar, señalado con fondo amarillo

  1. Emitido en Tarragona, en 1209, por Pedro II el Católico. Haciendo una nueva donación del castillo de Monroyo, esta vez a los frailes de la Orden de Calatrava de Alcañiz, el rey mantiene los límites de 1197 y dice: Os damos también el antes citado pinar de Tévar, hasta el puerto de Tévar. Y os damos además todos los molinos cercanos proptera molinaria omnia para que podáis moler, quien quiera y lo que quiera, en aquella zona donde el río llamado Tastavins mezcla sus aguas con el de Monroyo. Y [os damos] cualquier otro lugar de aquella zona donde podáis moler.
El Cid con la Colada al cinto

El Cid con la Colada al cinto

Los historiadores modernos, encabezados por Menéndez Pidal, han situado la batalla de Tévar en el entorno del castillo de Monroyo. Basan esta ubicación en el documento de 1209 por el que el monarca hace a donación a los calatravos de Alcañiz del mencionado castillo, cuyos términos se iniciaban por el norte, libre de moros, en Fórnoles –Furnos– y Belmonte –Mezquino­–. El límite oriental estaba en el cauce de los ríos Tastavins, Prados y Pena, que servían de frontera con Fuentespalda –Fontis Spatule–. Y por el oeste limitaba con el término de Camerón, pueblo desaparecido, que estaba situado cerca de Mas de las Matas, en el actual emplazamiento de la ermita de Santa Flora. Más tarde, el término de Camerón quedó integrado en el de La Ginebrosa y fue donado a la Orden de los Templarios de Castellote.

Menéndez Pidal, así como los historiadores que le han seguido, afirman que el pinar de Tévar debe situarse en la zona de confluencia del río Tastavins con el de Monroyo. Hasta ahí estamos de acuerdo. El error radica en el hecho de que ellos ubican el pinar al sur de Monroyo, en las cercanías de Torremiró (término de Morella, en la provincia de Castellón), cuando la realidad es que esos ríos confluyen al norte de Monroyo.

Estatua ecuestre del Cid (Burgos)

Estatua ecuestre del Cid (Burgos)

Los historiadores que, a mi entender, caen en el error topográfico de Menéndez Pidal no mencionan, quizá por desconocer su existencia, el documento de 1185, que sitúa el puerto de Tévar cerca del término de Fuentespalda, y por tanto cerca del cauce del río Tastavins. El lugar donde nace el río Mezquín es el monte conocido ahora como La punta de la Tossa el puerto de Mezquín–, que divide los actuales términos de Ráfales, Fórnoles, Belmote y La Cerollera. Esa línea atravesaba la Vall d’en Lluna, continuaba por la cresta de la Sierra y pasaba por la Punta de La Molinera, hasta el río Tastavins. Dicha línea sigue actualmente separando los términos de Ráfales y Monroyo.

Así, puede deducirse, con pocas dudas, que el misterioso monte Tévar es la actual Punta de la Molinera. Y el famoso pinar se extiende por su vertiente sur, perteneciente a Monroyo, en su límite con los términos de Ráfales y Fuentespalda. El topónimo La Molinera podría derivar del plural neutro latino molinaria (‘molinos’), que aparece en el documento de 1209. Por otro lado, es muy posible que el topónimo Tévar sea descriptivo de aquel paraje. La palabra árabe tabra significa ‘hoya’ (‘vaguada entre montañas’) en cuyo caso, también los árabes habrían designado al conjunto de montaña y llano por su perspectiva desde la parte más baja del paraje. Desde tiempo inmemorial, ocupan esa planicie las masías La Torre del Marqués, Molino Batá, Molino d’en Cardona y Mas de Tapiano. Esta última también disponía de un molino al otro lado del río Tastavins.

Mapa 3

Ubicación de antiguas masadas documentadas en la zona del pinar de Tévar (Monroyo, Teruel). Plano de J.A. Carrégalo.

LA BATALLA

La batalla de Tévar tuvo lugar en el año 1090, cuando todos aquellos territorios estaban bajo el dominio árabe. Los moros estaban en situación de debilidad, organizados en pequeños reinos de taifas. El territorio del Bajo Aragón estaba repartido entre las taifas moras de Zaragoza, Lérida y Tortosa, enzarzadas en interminables disputas entre sí.

Batalla medievalEl conde Berenguer Ramón II, con sus mesnadas, actuaba como mercenario de Almundir de Lérida. El Cid y los suyos, actuando por libre, defendían los intereses de Almuzaín de Zaragoza. El Conde de Barcelona provocó al Cid y el Cid aceptó el reto. El héroe castellano acampó en la hoya de Tévar y esperó allí a su enemigo. El conde quería atacarle por sorpresa, bajando por la pendiente del pinar para caer sobre el campamento situado en el llano. Berenguer Ramón II tenía muchos más hombres que el Cid y además atacaba desde arriba.

Sin embargo, el Cid, excelente estratega, utilizó sus servicios de información y logró averiguar las intenciones del conde. Así, decidió que el grueso de sus tropas no esperara en el campamento y ocultó a una parte de sus hombres en los flacos, a media ladera. Se escondieron entre la maleza o en cuevas y el grueso de sus tropas recibió de frente a los hombres del Conde de Barcelona, en plena pendiente de la ladera. Cuando estaban enzarzados en la lucha, aparecieron por detrás, y por ambos flancos, los castellanos emboscados. Finalmente, las mesnadas del Cid cercaron y apresaron a los francos (así se denomina en el Cantar a los barceloneses) y se apropiaron de un importante botín de guerra. El mismo conde y sus caballeros fueron detenidos y llevados presos al campamento. Unos días más tarde fueron puestos en libertad. Según algunas versiones, tuvieron que pagar un cuantioso rescate por su liberación.

Masía Torre del Marqués

Masía Torre del Marqués de Monroyo (Teruel)

Tanto por los datos que figuran en los documentos, como por la descripción que el Cantar hace del desarrollo de la batalla, se puede afirmar, con poco temor a equivocarse, que el escenario de la batalla de Tévar no fue otro que el territorio actualmente ocupado por la finca de La Torre del Marqués. El Cid tuvo su campamento en la parte llana, al pie de la Sierra de la Molinera, cerca del río Tastavins, aguas abajo de su confluencia con el ríu Escorça, y la batalla tuvo lugar en el pinar de la pendiente. El paraje está situado unos 18 kilómetros al norte de Torremiró (lugar donde los historiadores, desconocedores de la topografía del término de Monroyo, han situado el monte Tévar).

Monroyo rodeando la Muela donde estuvo el Castillo

Monroyo rodeando la Muela donde estuvo el castillo.

FINAL FELIZ

La humillación del conde y la generosidad del héroe, concediéndole la libertad, convirtieron a ambos contendientes en futuros aliados, como confirman los sucesivos Pactos de Zaragoza y Daroca. Nueve años después de la batalla de Tévar, el conde Berenguer Ramón II se enroló para luchar contra los moros en la primera cruzada, donde al parecer murió. Poco después, María Rodríguez, una de las hijas del Cid, contrajo matrimonio con Ramón Berenguer III, sobrino del derrotado de Tévar y sucesor suyo como Conde de Barcelona. Bonita manera de recuperar, vía dote, una parte del tesoro que el Cid había ganado en Monroyo a los barceloneses, como botín de guerra.

 

BIBLIOGRAFÍA

MONTANER FRUTOS, Alberto. Cantar de mío Cid. Barcelona: Crítica, 2000.

ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (Madrid). Donación de Alfonso II en Zaragoza, 1185. Orden de Calatrava. Pergaminos Reales, Carpeta 434, P. 262-R

 ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (Madrid). Donación de Pedro II en Gerona, febrero 1197. Orden de Calatrava. Carpeta 434 nº 263155 ()

LALIENA, Carlos. “El señorío de la Orden de Calatrava en el Bajo Aragón en la Edad Media”. Tesis doctoral inédita. Universidad de Zaragoza, 1985. Documento 9 “Bullarium Ordinis”, pp. 30-41, donación de 1209.

 CARRÉGALO, José Antonio, coordinador. Monroyo. El hábitat disperso (las masías). Monroyo: Asociación Cultural Sucarrats, 2003.

MENÉNDEZ PIDAL, Ramón. La España del Cid. Barcelona: Espasa-Calpe, 1967.

 

Cantar del Mio Cid

Cantar del Mío Cid

ANEXO

Por si le interesa a algún lector, transcribo a continuación, en texto actualizado, la parte del Cantar de mio Cid referente a la batalla de Tévar.

Llegaron las nuevas al conde de Barcelona,

De Mío Cid Ruy Díaz y de sus correrías por la tierra toda.

Sintió muy gran pesar y lo tuvo a gran deshonra,

El conde es muy follón y dijo entonces una vanidad:

“Grandes agravios me ha hecho Mío Cid el de Vivar,

Dentro en mi corte, me hizo agravio muy grande,

Golpeó a mi sobrino y no lo enmendó jamás.

Ahora me recorre las tierras, que en mi dominio están,

No le desafié ni le devolví enemistad,

Mas cuando él me lo busca, se lo iré a demandar.”

Grandes son las huestes y aprisa se van acercando,

Grandes gentes se unen de entre moros y cristianos,

Marchan contra Mío Cid, el bueno de Vivar,

Tres días y dos noches no dejaron de avanzar.

Alcanzaron a Mío Cid en Tévar y el pinar,

Así viene de reforzado el conde, que a manos le pensó atrapar,

Mío Cid don Rodrigo traía grandes ganancias,

Desciende de una sierra y llegaba a un valle.

Del conde don Ramón le ha llegado un mensaje,

Mío Cid cuando lo oyó, envió para allá:

“Decidle al conde no lo tenga a mal

De lo suyo no llevo nada, que me deje ir en paz”.

Respondió el conde: “¡Esto es verdad!

Lo de antes y de ahora, todo me lo pagará.

¡Va a saber el desterrado a quien vino a deshonrar!”

Se volvió el mensajero a no poder más;

Ahora comprende Mío Cid el de Vivar,

Que, a menos de batalla, no se podrán de allí marchar.

“Ya caballeros guardad aparte la ganancia,

Aprisa pertrechaos y  echad manos a las armas,

El conde don Ramón nos va a presentar batalla,

De moros y de cristianos trae gentes soberanas,

A menos batallemos, no nos dejarán por nada,

Más adelante nos tratarán de atacar, sea pues aquí la batalla.

Apretad los caballos y vestid las armas,

Ellos vienen cuesta abajo, y todos traen calzas,

Y las sillas bien guarnecidas y las cinchas bien forradas;

Cien caballeros debemos vencer aquellas mesnadas,

Antes que lleguen al llano les presentaremos las lanzas,

Por uno que golpeéis tres sillas vacías vayan.

¡Verá Ramón Berenguer tras quien a chocar armas

En este pinar de Tévar para quitarme la ganancia!”

Todos están preparados, cuando Mío Cid hubo hablado,

Las armas tenían en mano, montados en sus caballos,

Vieron venir cuesta abajo las huestes de los francos,

En lo hondo de la cuesta, ya cerca del llano,

Los mandó atacar Mío Cid, el nacido con buen hado.

Esto hacen los suyos de voluntad y buen grado,

Los pendones y las lanzas, tan bien las van empleando,

A los unos golpeando y a los otros derribando,

Vencido ha esta batalla el nacido con buen hado.

Al conde don Remón, a prisión se lo han llevado.

Allí ha ganado a Colada que, de plata, vale más de mil marcos.

Allí venció esta batalla y con ella honró su barba.

Prendieron al conde, para su tierra lo llevaba.

A sus servidores mandó que lo guardaran,

Fuera de la tienda ya se retiraba,

De todas partes los suyos se juntaban,

Se complació Mío Cid de lo grande que era su ganancia,

A Mío Cid don Rodrigo gran festín aderezaban,

El conde don Ramón no lo aprecia para nada.

Le sirven la comida, delante se la presentaban,

Él no lo quiere comer, a todos denostaba.

“No comeré un bocado de cuanto hay en toda España,

Antes perderé el cuerpo y dejaré el alma,

Pues tales desharrapados me vencieron de batalla.”

Mio Cid Ruy Díaz oiréis lo que dijo:

“Comed, conde, este pan y bebed de este vino,

Si lo que digo hicierais, dejaréis de ser cautivo,

Si no, en todos vuestros días no veréis cristianismo.”

Dijo el conde don Ramón:

“Comed vos don Rodrigo, y cuidaros de holgar,

Que yo me dejaré morir, que no comeré jamás.”

Hasta el tercer día animándolo están,

Repartiéndose aquellas ganancias grandes,

No le hacen comer ni un muerdo de pan.

Dijo Mío Cid:

“Comed, conde algo, pues si no coméis, no veréis cristianos,

Y si vos coméis, en lo que sea de mi agrado,

A vos y a dos hidalgos os soltaré y estrecharé la mano.”

Cuando esto oyó el conde ya se iba alegrando.

“Si lo hiciereis así, Cid, lo que habéis hablado,

Por el resto de mi vida quedaré maravillado.”

“Pues comed conde y, cuando hayáis terminado,

A vos y a otros dos os daré la mano,

Mas cuanto habéis perdido y yo gané en campo,

Sabed, no os daré a vos ni un mal centavo,

Mas lo que habéis perdido no os lo daré,

Pues para mí lo necesito y para estos mis vasallos,

Que conmigo andan lacerados; eso no os lo daré.

Prendiendo de vos y de otros, nos vamos apañando.

Viviremos en esta vida mientras quiera el Padre Santo,

Como airado del Rey y de su tierra expulsado.”

Alegre es el conde y pidió agua para las manos,

Se la ponen delante, trayéndosela rápido,

Con los caballeros que el Cid le había liberado.

Comiendo va el conde ¡Dios, de que buen grado!

Junto a él estaba el nacido con buen hado.

“Si bien no coméis, conde, hasta sentirme agradado,

Aquí haremos nuestra morada, no nos separaremos ambos.”

Aquí, dijo el conde: “¡De voluntad y con agrado!”

Con estos dos caballeros aprisa va masticando,

Pagado es Mío Cid, que lo está observando,

Porque el conde don Ramón tan bien movía las manos.

“Si os pareciera bien, Mío Cid, estamos ya para marcha preparados,

Mandad que nos traigan las bestias y cabalgaremos rápido;

Desde el día que fui conde, no comí con tanto agrado,

El sabor que me ha dejado jamás voy a olvidarlo.”

Le dan tres palafrenes muy bien ensillados,

Y buenas vestiduras de pellizas y de mantos,

El conde don Ramón entre los dos está situado,

Hasta el final del campamento los siguió el castellano.

“Os marcháis conde, a estilo de buen franco,

Os quedo agradecido de lo que me habéis dejado,

Si os pasara por la mente el tratar de vengaros,

Si vinierais a buscarnos, bien sabéis dónde hallarnos,

Y si no, mandad buscar donde dejarnos,

Parte de lo vuestro o llevaros de lo mío algo.”

“Holgad ya, Mío Cid, pues estáis muy a salvo,

Os he pagado bastante por todo este año,

De veniros a buscar, ni siquiera hay que pensarlo.”

Aguijaba el conde y comenzaba a marchar,

Va volviendo la cabeza y mirando hacia atrás,

Todavía con miedo de que Mío Cid se vuelva atrás.

Lo que, por nada del mundo, el adalid hará.

¡Una deslealtad nunca la hizo a nadie!

Se marchó el conde y regresó el de Vivar,

Se juntó con sus mesnadas, para con ellas ponderar

La ganancia, que han hecho, maravillosa y grande.

(Versión de Miguel Garci-Gómez)

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