CULTURA IBÉRICA Y ROMANA

El mausoleo romano de Fabara y su extraña conservación

En las inmediaciones de  la pequeña localidad de Fabara (Zaragoza) se puede admirar uno de los mausoleos romanos, del siglo II d.C., mejor conservados de la península ibérica. El magnífico edificio no sería reconocido como una imponente obra romana hasta finales del siglo XVIII. Las noticias y documentos de esa época proporcionan algunas claves que explican su sorprendente conservación.
Excelente documento gráfico: S. Vidiella, (sentado a la izda), L. Pérez Temprado ( a su lado), M. Pallarés (a la dcha) y un personaje anónimo (en la puerta) en una visita del Grupo del Boletín de Historia y Geografía del Bajo Aragón al Mausoleo de Fabara (Zaragoza), realizada en septiembre de 1904.
El “descubrimiento”  y divulgación del mausoleo de Fabara
Las primeras noticias sobre la importancia de este singular edificio y su reconocimiento como “obra de romanos” datan de finales del siglo XVIII.  Conocemos estas noticias gracias a la paciente y poco reconocida labor investigadora de Mosén Evaristo Cólera (Calaceite 1772 – Valdeltormo 1837) que fue párroco de Fabara entre los años 1792 y 1807 y posteriormente de Valdeltormo hasta su fallecimiento. Sobre la vida y obra de este erudito sacerdote es  indispensable el estudio realizado por el calaceitano Santiago Vidiella, “Un rector de Valdeltormo. (Vida y obras del ilustre bajoaragonés D. Evaristo Cólera Soldevilla)” (Vidiella 1926-27) del que tomaremos la mayor parte de la información que ahora presentamos.  
Detalle de la foto anterior: Santiago Vidiella y Lorenzo Pérez Temprado en el Mausoleo de Fabara en 1904
Según los manuscritos de Evaristo Cólera (que servirían de base para el estudio de Vidiella) la primera visita documentada al mausoleo para valorar su importancia tuvo lugar hacia 1780 a cargo del P. Esteban, rector de Las Escuela Pías de Alcañiz, “después de cuya visita se comenzó a estimar en la villa el monumento”. Hacia 1788 ó 90 acudió a Fabara el P. Andrés, de San Juan Bautista, buen conocedor de las antigüedades romanas, quien recomendó su rigurosa conservación. Poco después visitó la obra, a instancias del propio Cólera, el P. Pío Cañizar, cronista de los P. Escolapios de Aragón y en 1804 el P. Jaime Pascual, prior del Monasterio de Bellpuig (Lérida), miembro de la Academia de la Historia, quien llegó a la localidad de Fabara en busca de antigüedades, sobre todo de monedas, para la colección que había organizado en su convento.
El Mausoleo de Fabara a principios del siglo XX. Foto Archivo Mora.

 

En esos mismos años Cólera redactó varios informes sobre el mausoleo que llegaron a manos de historiadores de la talla de J. F. Masdeu  o del P. franciscano José de La Huerta. Uno de estos informes, inacabado, que pudo consultar Vidiella, tenía como título: “Descripción de un edificio antiguo inmediato a la villa de Fabara. Año 1807. Borradores.” El informe, cuyo paradero actual desconocemos, incluía dibujos, una descripción detallada del mausoleo y referencias a otros edificios antiguos, monedas, inscripciones y cerámicas del término de Fabara (Vidiella 1927, 46).

Otra imagen del mausoleo del Archivo Mora.
Leyendas y supersticiones sobre el edificio
Evaristo Cólera comentaba en un uno de sus escritos sobre el mausoleo romano que los vecinos de Fabara conocían a ese edificio como Casa de los moros y que era habitual para el pueblo la atribución de “obra de moros a toda fábrica antigua de excepcional forma o solidez”. Y más adelante señalaba: “Creía el vulgo que en la casa había una mona (sic) encantada, airada contra cuantos se acercaron al monumento para dañarlo, origen de muchas desgracias para los atrevidos. Algunos hablaban de que una vez se quiso destruir, pero se levantó tan fuerte tempestad, que lo impidió.” Sin embargo, el propio Cólera parece reconocer que “la causa de duración había sido la excepcional solidez de la obra, en la cual no faltaban señales, que él enseñaría, de haberse intentado alguna vez la destrucción, aunque sin resultado.”  
Otra vista del mausoleo a principios del siglo XX. Foto Archivo J. Galiay

Incluso entonces, en los inicios del siglo XIX, a los eruditos que visitaron el mausoleo les llamaba la atención su excelente conservación: “Se habló de lo extraña que resultaba la integridad casi completa de un monumento abandonado en campo abierto, sin guardas ni defensas, como una tentación a los instintos destructivos de las chusmas de tantos siglos… y no se olvidó la vana esperanza en la invención de tesoros, que ha sido en todas partes el más cruel verdugo de las fábricas antiguas”. (Vidiella 1927, 27)

Sección isométrica del Mausoleo de Fabara realizado por Puig i Caldafalch en 1934

Deterioro y recuperación del mausoleo

Según los escritos de Cólera utilizados por Vidiella, el sólido edificio era utilizado como refugio por contrabandistas (que entonces eran frecuentes en la zona), los labradores hacían fuego en sus rincones y se entretenían en desmoronar y mover piedras, incluso lo utilizaban como vertedero de las piedras que estorbaban en los cultivos de las inmediaciones. La propia estabilidad del edificio le preocupaba, tal como señala en una de sus cartas: “Vea V.R. qué idea tan diabólica la de degollar esta columna casi del todo junto a su base. El caso es que, como sobre el capitel se unen dos piedras del cornijón, si la columna cede, estas irían abajo con ella y solo Dios sabe qué destrozo sobrevendría” (Vidiella 1927, 28).
Detalle de la puerta de acceso al mausoleo a princpios del siglo XX. Obsérvese la repación efectuada en la base de la columna de la derecha. Foto Archivo José Galiay.

El deterioro del edificio continuaba adelante, tal como señala Cólera unos años más tarde cuando ya ejercía su labor como párroco en Valdeltormo: “Habiendo pasado por Fabara en 11 de octubre de 1816, fui a ver el monumento antiguo llamado Casa de los moros, y hallé que desde que yo me ausenté de aquel pueblo, que hacía unos ocho años, ya habían arrancado y hecho caer las piedras de la cornisa del remate triangular que estaban sobre el tímpano. Ha quedado sólo éste; y como contiene la inscripción, si la derriban, quedará sin lo más precioso”. (Vidiella 1927, 32)

Alzado de la fachada principal del Mausoleo de Fabara con su inscripción latina

Sin embargo, pocos años después, en 1824, los señores de la villa de Fabara, propietarios entonces del edificio, se hicieron cargo de la reparación de la base de la columna que amenazaba ruina. Comenzaba así un lento proceso de recuperación del magnífico mausoleo cuyo futuro quedaría asegurado con su declaración como Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931 y la compra del edificio y del terreno inmediato por parte del Estado en 1942.

Aspecto actual del Mausoleo de Fabara
BIBLIOGRAFIA
Beltrán Lloris, F. 1998: “Las inscripciones del “Mausoleo de Fabara” (Zaragoza)”, Caesaraugusta 74, Zaragoza, 253-264
Melguizo, S. 2005: Mausoleo de Fabara, Prames, Zaragoza.
Vidiella, S. 1926-27: “Un rector de Valdeltormo. (Vida y obra del ilustre bajoaragonés D. Evaristo Cólera Soldevilla)”. Rev. Universidad de Zaragoza. Zaragoza
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